domingo, 18 de mayo de 2014

Entre el sepulturero y el partero de estos tiempos



Se descolgaba la tarde por los techos del barrio cuando Cristina anunciaba el miércoles pasado un nuevo aumento en la Asignación Universal por Hijo, en la Asignación para las embarazadas, en la Asignación para las personas discapacitadas y en la Asignación familiar para millones de trabajadores registrados.
Esta vez el aumento fue del 40 %, lo que implicará un 60 % más en el poder de compra de las  familias que son beneficiarias directas de este derecho social.
Un informe publicado por la agencia Télam señala como claros ejemplos del impacto que la decisión tendrá en el consumo popular, que en cuatro años y medio la AUH pasó de poder comprar 64 litros de leche a 90; de 9 kilos de asado a 14; de 72 paquetes de azúcar a 107; de 24 docenas de huevo a 40 y de 38 botellas de aceite a 85. Y que también la AUH logró incrementar la compra de pollo, de 19 a 34 kilos; del queso fresco de 10 a 13; del tomate, de 28 a 53; y de la yerba, de 10 a 21 paquetes. En el pan, la capacidad de la Asignación pasó de 33 a 36 kilos; cuando el año pasado era de 31.
¿No es emocionante haber alcanzado esta marca en la carrera por una sociedad más igualitaria y más justa?
¿De veras no dan ganas de salir a festejar y a celebrar?
Es más: el anuncio oficial favorece al conjunto de la economía y de la sociedad.
Por este asunto de la “ley de gravedad al revés”, como expresó desde la física nuestra Presidenta. 
El anuncio oficial impacta de lleno favorablemente en los hogares más humildes y desde allí empuja el consumo hacia arriba y los comerciantes clase medieros demandan más mercancías a los productores que invierten más en sus productos y en sus fábricas y empresas y así circula la savia de este tiempo tan luminoso. 
Pero no. No todos lo ven y sienten así.
La vecina de ruleros sigue repitiendo la mentira que escuchó en el programa de Lanata y el dueño de la dietética es capaz de decir, sin complejos ni rubores, que nunca vendió tanto como en estos años…“pese al gobierno kirchnerista que tenemos”.
¿Qué les hicieron en la cabeza?
La capacidad de daño del poder mediático se muestra en ellos más potente que la mismísima realidad concreta de la señora de ruleros que puede ir a la dermatóloga por primera vez en su vida porque ahora tiene los recursos económicos para darse el gusto de curtirse la cara con la última crema de belleza.
Y ese poder de fuego mediático traspasa el sentido común del comerciante que se llena los bolsillos, con toda legitimidad, porque ahora la clase media de antes y la que se incorporó al rebaño en esta última década, puede comprar todos los productos y menjunjes libres de grasa y con bajas calorías. 
De allí que cobre importancia decisiva y determinante la batalla cultural que está en pleno desarrollo en toda nuestra América Latina.
Para decirlo con el lenguaje que se usa en los patios de tierra de los pueblos donde aún se baila levantando polvareda: hay que sacarle el micrófono al sepulturero para dárselo al partero.
O sea.  
El sepulturero promociona ataúdes; el partero, cunas.
Hay que evitar que ganen los que tiran el carro de la historia hacia atrás, para sumar más energía hacia el futuro.
Sólo de este modo se coronará el modelo de país que estamos construyendo colectivamente, con el Estado del lado de los justos. 
Si a la pobreza generada por años de neoliberalismo dominante, el gobierno la viene combatiendo con mayor inclusión y justicia social, quizá llegó la hora de combatir la ignorancia y la desesperanza generada desde los medios de comunicación encabezados por el Clarín de Magnetto y La Nación de los Mitre, con una suerte de Asignación Universal de la Cultura que deberá ser protagonizada entre todos los ciudadanos de buena fe que habitan nuestro suelo.
O jugamos todos o nos madrugan nuevamente. 
Hay que hacerse cargo, desde el lugar que cada uno ocupe en la sociedad, de esta batalla cultural.
Hay que llenar la Plaza de Mayo el próximo 25 para poner en valor la única verdad  que vive nuestro pueblo; que es la realidad.
Hay que hablar amablemente con las señoras de ruleros y los vecinos que fueron infectados por el bombardeo ideológico  de los grandes medios.
Hay que llamar a las cosas por su nombre y al ladrón de sueños y de precios, llamarlo ladrón como se merece.
Mar del Plata, bueno es recordarlo, es el lugar donde se libró y se ganó la batalla contra el intento imperial del extinto ALCA. Y por esas cosas de la historia, hoy vuelve a ser un lugar donde el destino de la región suramericana  protagoniza otro hecho determinante para nuestros pueblos.
Si contra el ALCA triunfó la resistencia encabezada por los presidentes Kirchner, Chávez y Lula, esta vez la ciudad albergó la construcción de un espacio multicultural compuesto por todos los países de la región y presidido por la flamante ministra Teresa Parodi.
La UNASUR de la Cultura se dio cita allí para consolidar el Mercado de Industrias Culturales del Sur y el Encuentro de Medios Públicos de América Latina. 
“Ayer fue la resistencia, hoy es la construcción”, podría ser una consigna que sintetice el momento que vivimos.
Y como la historia gusta de las paradojas, digamos en el estribo que esta construcción la encabeza justamente quien hasta hace pocos días fue la responsable del Espacio Cultural Nuestros Hijos, de las Madres de Plaza de Mayo, allí en el predio de la Memoria en la ex ESMA, que ahora pasó a manos del Estado nacional gobernado desde el 2003 por un proyecto político que reparó el dolor causado en el cuero de nuestro pueblo durante la dictadura cívico militar impulsando como nunca antes un proyecto de país basado sobre los pilares de la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Así nomás te lo digo. De un solo trazo.
Quizá por eso la falsa izquierda vuelve a maridarse con la auténtica derecha y sacrifica en el altar de sus vanidades a los pasajeros del ferrocarril Sarmiento.
Pero la otra vecina, la que increpó al blondo burócrata ferroviario en la vereda de su barrio, está marcando el camino: sin violencia y con respeto, se fabrican las cunas de estos tiempos.

Miradas al Sur, domingo 18 de mayo de 2014






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