domingo, 23 de marzo de 2014

Mañana no habrá golpe de estado



Un día como hoy, el 23 de marzo de 1976, el golpe de estado se olía por los 4 costados, por los 4 vientos, por las 4 esquinas del barrio donde uno vivía, por los 4 diarios más leídos, por las 4 radios más escuchadas, por los 4 canales más vistos, por los 4 políticos que aún daban la cara en la televisión.
Era un día martes y la calle decía “se viene el golpe de estado” y en la mesa familiar se comentaba que “esto no da para más” y “mañana habrá golpe de estado”.   
Los que ya estaban presos por su militancia política se preparaban para lo peor. Pero no habría rincón dónde esconderse de la furia blindada que avanzaba al galope con fusil y bayoneta.
Los que estaban pensando en partir al exilio, dejaron de dudar y apuraron la marcha con su pasaporte en mano.
Los trabajadores, los pibes de los barrios, los que soñaban con hacer la revolución hasta cuando hacían el amor, los delegados de las fábricas, los militantes duros que no perdían la ternura, los que tenían el bolsillo vacío y el corazón lleno de ideales, esos no se irían nunca, aun desamparados.
89 días atrás de ese día, el 24 de diciembre de 1975, Jorge Videla, entonces jefe del Ejército, pronunció un discurso navideño ante propios y extraños que sonó a ultimátum para la democracia. Y el 24 de marzo se cumplían los 90 días del que muchos decían, como si supieran, que era el último plazo para dar el golpe.
Ahora ya lo sabemos: la irrupción de la dictadura fue el episodio final de una operación política que se venía gestando desde mucho antes con la participación estelar de cuadros civiles que componían el entramado golpista.
No es que los medios “reflejaban la caótica realidad”, como se decía. Eran los medios que preparaban el terreno caótico para justificar el desembarco de los genocidas.
No era que “la economía ya no funcionaba o funcionaba mal” como se decía por los medios. Era que los trabajadores participaban, pese al costado más derechoso del gobierno de Isabel, de un porcentaje en la redistribución de la riqueza que orillaba el 50 y 50 y que había pleno empleo y que las comisiones de delegados internos de las empresas empezaban a desbordar a las respectivas burocracias de sus gremios.
No era que el gobierno no ofrecía salida dentro del sistema democrático. Funcionaba el Congreso de la Nación y estaban convocadas elecciones generales para octubre de ese mismo año.
Fue por eso, precisamente por eso, que “mañana habría golpe”, para el regocijo consciente de los poderosos, el entusiasmo inconsciente de las capas medias y la angustia creciente de los más humildes, esos que guardaban en su memoria los viejos dolores de otras dictaduras. 
A 38 años de aquellos días tan oscuros y estremecedores, sepamos que con esas características con que supo ejecutarse a sangre y fuego el genocidio, mañana ya no habrá golpe de estado.
Sepamos que mañana y pasado mañana y siempre habrá democracia y será cada vez más inclusiva y soberana si así nos proponemos desde esta mayoría inmensa de argentinos que ansiamos vivir en paz. 
Pero sepamos también que los jefes civiles del terrorismo de estado siguen vivitos y coleando y llenando sus bolsillos con el sudor de tu frente.
Detrás de cada corrida cambiaria, de cada devaluación provocada por las cuevas del mercado, de cada desestabilización de precios y de sueños, de cada campaña contra la participación de los pibes y las pibas, de cada opinión que atente contra el ejercicio de la política como única herramienta de la democracia para transformar la realidad, de cada opinión ilustrada invocando el olvido y la desmemoria, sepamos que hay un intento de golpe contra el país que hemos reconstruido después del incendio tenebroso del neoliberalismo.
Esta nueva fase del devenir democrático la estamos construyendo entre todos. Es cierto. Disfrutemos y cuidemos esta construcción colectiva. Pero tengamos la honestidad intelectual de admitir que nada de lo que vivimos en estos años hubiera sido posible sin que hayan tenido las convicciones y la voluntad necesarias para encarar el cambio un presidente llamado Néstor Kirchner y una presidenta llamada Cristina Fernández de Kirchner. Un cambio de paradigma. Un vendaval de sueños y reparación de derechos.
Quizá la historia por venir ilustre las mejores páginas de estos años con las imágenes de los genocidas juzgados en los tribunales, amparados por las leyes y la Constitución que ellos violaron cuando dejaron a la intemperie a los hombres y mujeres asesinados durante la larga noche de la dictadura.
Quizá se muestre el alegato de Videla reafirmando cínicamente su siniestro plan de exterminio.
Pero nada de ello alcanzará para comparar siquiera con los dos  máximos logros de esta década: se identificó la comandancia civil del terrorismo de estado en la justicia, en los medios masivos de comunicación, en el poder económico y financiero, por un lado y se recuperó el deseo juvenil de participar en la militancia política, por otro.
Por eso, que mañana no haya golpe de estado, significa algo más que la literalidad de una frase obvia.
Significa que ya somos un país normal, como quería Kirchner. Y que aquellos  que pagaron con la muerte, la cárcel y el destierro su indomable voluntad de cambiar el mundo, hoy sean recordados con respeto, aun desde la crítica implacable que alguien pueda sostener por sus acciones.  
Kirchner,  reivindicándolos desde la política, fue quien forjó ese reconocimiento.     
Esa inmensa madre de todos, Hebe de Bonafini, también es forjadora de estos tiempos que vivimos.
Sin Abuelas y Madres como Hebe la democracia no sería lo que es.
Sin ellas y sin una presidenta como Cristina, no seríamos el país de memoria, verdad y justicia que hoy somos.   
Convencidos que no habrá ni un  paso atrás en las conquistas del pueblo, que no podrán los nuevos heraldos de la desesperanza y la desmemoria hacernos retroceder ni un milímetro de historia, mañana estemos más juntos que de costumbre: es el Día Nacional de la Memoria.  
Para que nadie olvide de dónde venimos y para reafirmar a dónde no queremos volver; nunca más.

Miradas al Sur, domingo 23 de marzo de 2014