domingo, 12 de octubre de 2014

Aquí no se rinde nadie


Rezaba una pancarta con el rostro de Cristina en el acto realizado en Las Heras, provincia de Santa Cruz, este jueves pasado: “Aquí no se rinde nadie”.
Y vaya que la realidad de estos días lo demuestra con creces.
Sin embargo, la adecuación de oficio al Grupo Clarín, más la fuerte embestida política diplomática contra los fondos buitres, la aprobación y promulgación del Código Civil y Comercial, la inauguración del Sistema Federal de Medición de Audiencias y la lucha sin cuartel contra las cuevas ilegales del dólar ilegal, por poner apenas un puñado de ejemplos, hablan que el proyecto de país que hoy nos gobierna avanza a paso redoblado derribando una por una las resistencias que los representantes del viejo país siguen oponiendo.
Es el viejo poder el que resiste y se defiende como gato entre las leñas; en tanto el kirchnerismo, como expresión contemporánea del país inclusivo, demuestra ser una fuerza política y cultural que marca nítidamente el tiempo y el espacio de este nuevo siglo.
Seguramente esta impronta y esta voluntad de pasar permanentemente a la ofensiva,  conservando y acrecentando la iniciativa política, será la marca registrada que el gobierno de Cristina impondrá a la marcha de los acontecimientos hasta el último de sus días.
Por ese lado no habrá nada que temer.    
Será la sociedad la que tendrá que lidiar con su propio destino. Y saber elegir bien cuando llegue la hora de las urnas, será una forma de hacerlo.
Decía Antonio Gramsci que “ninguna sociedad se propone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes o no estén, al menos, en vía de aparición y de desarrollo”.
Más allá de la prudencia que nuestra apreciación subjetiva requiere, no se puede negar   que la sociedad argentina viene labrando su propio camino y sentido común por el lado contrario que proponen los grandes medios de comunicación.  
El poder mediático hegemónico, que es el que mejor expresa a las clases dominantes y es parte constitutiva de esas clases, viene perdiendo paulatinamente su antigua capacidad de construir a su antojo el sentido común de los argentinos.
Este diagnóstico alienta mucho.   
Pero a decir verdad, será la sociedad la que deberá cultivar en su pródiga memoria los quehaceres de los días que corren.  
Cultivar, por ejemplo, la miserable conducta de los dirigentes opositores que en su gran mayoría estuvieron ausentes de las grandes decisiones que afectaron y afectan la vida de las personas y de la patria misma.   
A todo dicen que no.   
Ausentes de la patria sin aviso previo de modo permanente. 
Si la política fuera un trabajo, hace rato que ya los habrían cesanteado. Pero es harto evidente que para esos opositores, Macri, Binner, Carrió, Massa, Cobos, Sanz, la política es apenas el maquillaje previo a exponerse a las luces de un estudio de televisión.  Y si de TN se trata, obviamente que para ellos mejor. 
Es tal la distancia que media entre la mediocridad opositora y el paso distinguido del kirchnerismo en sus diferentes expresiones que, mientras los primeros debaten si está bien que el radical Gerardo Morales se saque una fotografía con Massa o si irán amontonados con Macri o no, la Presidenta dialoga con Vladimir Putin sobre la suerte del planeta y el rol decisivo de las comunicaciones.  
Pues bien, la sociedad deberá acumular y procesar todos estos datos para saber construir el futuro mediato e inmediato de los argentinos.
A un año de una nueva elección general, el kirchnerismo ya avisó que seguirá avanzando y renovando el escenario día a día.   
El que se queda quieto, pierde.  
El que se demora en el camino, pierde.  
El que no entiende la dinámica del proceso histórico que vive el mundo, la región y el país, pierde.   
Claro que la mecánica no es el fuerte del kirchnerismo.   
La dialéctica, sí.    
Dice Gramsci citando al mariscal Caviglia: “La experiencia de la mecánica aplicada de que la fuerza se agota alejándose del centro de producción es dominante en el arte de la guerra. El ataque se agota avanzando; por ello la victoria debe ser buscada lo más posible en la proximidad del punto de partida”.
La política, en cambio, como arte, oficio y vocación militante, demuestra que se pueden lograr muchas victorias aun estando lejos del punto de partida.   
No lo dice Gramsci, lo decimos nosotros. 
¿Acaso el kirchnerismo no lo viene demostrando?   
El amplio espacio kirchnerista es eso, una dinámica que avanza y renueva escenarios todo el tiempo. Es difícil que la oposición lo emule. Porque no entiende y lo que es peor, se niega a entender las leyes que rigen el devenir humano. Para ellos la vida es una fotografía, no una película que no tiene fin.
El proceso político argentino sigue trepando cimas. Viene de llevar a juicio a los fondos buitres ante las Naciones Unidas.
Es la primera vez que un país soberano se planta ante el costado más salvaje y poderoso del capitalismo neoliberal concentrado y  que no solamente no se rinde sino que obliga a pasar a la defensiva a los mismos que pusieron de rodillas a gobiernos de pueblos milenarios como Grecia.  
Ahora la política se metió de lleno en el templo sagrado del poder mediático: Clarín. Digamos más: se les metió la democracia y la ley. Y de esta cima ya no se vuelve. Allí está el nudo desatado del principal problema de la modernidad mediática. El monopolio fue tomado por la ley  y  no por un gobierno ni un partido político, que es lo que hubieran  preferido Magneto y compañía. 
La adecuación de oficio impuesta al Grupo Clarín es  la mayor y la mejor demostración del poder emergente de esta nueva democracia.
Ocurre en medio de un mundo que viene avanzando desde Oriente y que al llegar a estas playas abraza solidario a la Argentina y a toda la región.
Ver y escuchar a Putin hablando desde Moscú a Santa Cruz y a Cristina viceversa, es ver y escuchar a la nueva configuración del poder en el planeta.
No hay batalla que libre el kirchnerismo en soledad; aunque parezca solitario en una sesión del Congreso.   
Hay un nuevo mundo que los acompaña.
Y hay un pueblo que no afloja.  


Miradas al Sur, domingo 12 de octubre de 2014