domingo, 16 de febrero de 2014

El bolsillo, la heladera y el horno


La derecha sobrevuela la escena del crimen. De sus  crímenes; de aquellos que cometieron en un pasado lejano y los que cometieron en un pasado más reciente y contemporáneo.
Cambiaron algunos nombres, algunos capitales, algunas empresas, algunas marcas, pero la derecha voraz y angurrienta de poder es la misma.
Miremos a Venezuela en estos días cómo debate su destino entre un presente democrático y distributivo de ingresos y riquezas, por un lado y por otro los caballeros del pasado previo a Hugo Chávez incendiando las calles, los edificios y la vida de ese pueblo hermano.
La fórmula es la misma. Mucha bulla interna y externa por los medios  masivos de comunicación de esa derecha, los operadores del mercado financiero pateando los tableros con su corrida cambiaria y de precios y un puñado de mercenarios devenidos en manifestantes del odio y la violencia. Un coctel que el capitalismo más feroz comenzó a aplicar en el siglo XIX.
Mira lo que te digo.
Hay que repasar los libros de historia, los que cuentan la verdad, no los del relato mitrista, para comprobar que cada vez que un proyecto de país soberano, inclusivo, de amplias mayorías, nacional y popular, asomó su modelo de desarrollo independiente y con justicia social, los colmillos afilados de la reacción oligárquica le cayeron a la yugular para despellejarlo.
¿O no fue eso lo que ocurrió con los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, con el de Hipólito Yrigoyen y con el de Juan Domingo Perón en nuestro país? ¿O no fue eso lo que ocurrió con los gobiernos latinoamericanos de Salvador Allende en Chile, Joao Goulart en Brasil y más recientemente con Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela, Lugo en Paraguay y Zelaya en Honduras?
Si pasamos un peine fino al análisis de esta triste lista descubriremos un dato más que auspicioso y revelador de los tiempos que corren en esta primera fase del siglo XXI: por primera vez en la historia bicentenaria de nuestros países, los gobiernos populares enfrentan exitosamente la sedición oligarca. Antes sucedía, casi como una ley de la naturaleza, que aquel coctel golpista daba un portazo a la democracia y todo se venía abajo en menos que canta un gallo. Ahora no. Maduro se les planta como antes se les plantó Chávez a la oligarquía parasitaria venezolana y triunfó. Correa se plantó ante la intentona golpista de la policía ecuatoriana y triunfó. Evo se plantó a los secesionistas sojeros y triunfó. Y aquí Cristina se les viene plantando desde el primer día de su primer mandato y continúa resistiendo, avanzando y triunfando en representación legítima de la democracia.
Aquello de que “los presidentes hoy se parecen a sus pueblos” quiere decir precisamente que a todos ellos les vale muchísimo más ser la expresión de las mayorías populares antes que especular mezquinamente sobre su suerte personal.
Pero se hace imprescindible que en este cambio de época que atraviesa la región, los pueblos también se parezcan a sus presidentes, a estos presidentes de la nueva democracia latinoamericana. 
Ese es el único certificado de garantía para seguir triunfando ante cada operación destituyente. Porque hay que grabarse a fuego lo que tan pedagógicamente afirma nuestra Presidenta: más que contra los gobiernos, los golpes siempre son contra los trabajadores y los sectores medios, contra la democracia y sus instituciones, contra la paz social y contra la unidad de nuestros pueblos.
La traducción visceral de este proyecto la hizo el ministro Axel Kicillof al reafirmar que el gobierno “defiende  el bolsillo, la heladera y el horno de la gente”.
Habrá que saber que así como el gobierno argentino sorteó con astucia, inteligencia y coraje la corrida golpista relatada literalmente por el economista Miguel Bein y el gobierno venezolano sortea en estas horas otra corrida de la derecha local e internacional, en adelante serán otras las corridas que habrá que sortear.  
Sepámoslo: el golpismo atiende los 12 meses del año. Lo relevante no es eso; lo relevante es que los gobiernos populares también atienden durante todos los meses y todos los días de todos los años.
El que se duerme pierde en esta historia de pujas entre la justicia social y la injusticia antipopular.  
Con el mismo fervor ciudadano con que hay que seguir cuidando los precios, ahora que sabemos que no los aumenta el gobierno sino los malos empresarios y los malos comerciantes, habrá que saber cuidar la democracia.
Si del valor tiempo se trata, para el gobierno nacional los dos años que restan de mandato presidencial de Cristina resultan escasos para las transformaciones económicas, estructurales y sociales que faltan realizar. Mientras que para la derecha voraz y sus candidatos más explícitos es un tiempo demasiado largo para afrontar. Por eso seguirán buscando que todo vuele por el aire, como se dijo en estos días.
Hay que identificar a los ilegales de la democracia. No habría que conformarse con la sola explicación que no hay golpes porque las Fuerzas Armadas hoy juegan en defensa de la democracia. Claro que es importante. Pero lo es mucho más si los intentos de golpes financieros y mediáticos son derrotados por los pueblos y su nivel de conciencia ciudadana, los pueblos y la defensa de la paz social, los pueblos y su cultura.
Para eso hay que identificar con pelos y señales a todos y cada uno de los ilegales sediciosos que operan desde las pantallas de la tele y los grandes medios, sentados sobre un silobolsa de soja o remarcando los precios a su libre antojo.
A esos ilegales se los aísla identificándolos y con todo el peso de la ley de que disponen nuestros gobiernos democráticos.
Los opositores que se asocian con los que atentan contra la moneda nacional, el trabajo y la producción, contra la inclusión social y a favor de la desestabilización institucional, tendrán que rendir cuentas de sus oscuros propósitos ante la sociedad.
El 1° de Marzo, cuando la Presidenta pronuncie su mensaje ante el Congreso, será una cita mayor con lo mejor de nuestra historia como pueblo y como nación.

Miradas al Sur, domingo 16 de febrero de 2014