lunes, 2 de marzo de 2015

Quiero volver a la Plaza frente al Congreso


Quiero volver a la Plaza frente al Congreso
Quiero buscarla en la multitud hasta encontrarla y llenarla de besos y de abrazos
a esa muchacha múltiple que lloraba acongojada mientras escuchaba a la Presidenta de los argentinos y a ese compañero que también lloraba sin pudores
Quiero volver a bañarme en esa multitud maravillosa que es el pueblo cuando canta una consigna de amor y de batalla
Quiero volver a la Plaza y verlo nuevamente: el hombre de unos cincuenta años, quizá un poco más, se paró en la vereda casi al llegar a Congreso, se acomodó las vendas que cubrían su pierna izquierda herida de la rodilla al tobillo, se ajustó fuerte el nudo y siguió marchando, alegre, con su bandera al viento. Ninguna vieja herida le impediría el paso.
Quiero volver a esa Plaza donde la niña espera ansiosa que pase la Presidenta para verla y si es que puede hacerlo, tocarle las manos trepada en brazos de su madre como esperando un milagro
Quiero escucharla hasta el último suspiro que me quede en vida gritando a voz en cuello: “Cristina, Cristina” y Cristina que la mira y saca medio cuerpo por la ventanilla de la combi hasta tocarle las manos y la niña que se mira las manos y llorando nos cuenta a los que mirábamos con asombro y emoción: “Cristina me tocó las manos”
Me doy vuelta y veo a un pibe contándole tembloroso a otro pibe que a él también le tocó Cristina y el milagro nos cobijaba en medio de la lluvia que caía alborotada
Camino media cuadra y me animo a mirarme las manos pudorosamente, para comprobar qué ausentes estaban de Cristina
“Esta vez ganamos”, me grita un compañero
“Claro que sí” lo aliento, lo abrazo, lo consiento
La pantalla muestra en grande la entrada de la Presidenta al Parlamento
Y allí lo veo.
Es el mismo pibe que sintió el tableteo de metralla y cañones derribando su casa y matando a sus padres
Es el mismo pibe que de grande se hizo militante para seguir resistiendo en defensa de sus sueños
Es el mismo pibe golpeado, apresado, torturado, muerto a palos cuando el 20 de diciembre de 2001 corrió hasta la Plaza a defender a las Madres
Es el mismo pibe que juró como diputado pensando en sus viejos y en los 30 mil como sus viejos
Es el mismo pibe que este primero de marzo no paraba de sonreír mirándola a Cristina
Alguna vez escribí una prosa que se llamó: “Un país que se parece a Wado”. Y allí estaba Wado completando la parábola. Y yo desde la Plaza que le hacía la Ve como si él me viera.