viernes, 13 de febrero de 2015

Espacio, tiempo y armas


Si la reacción oligarca de las clases dominantes tuviera la posibilidad de hacerlo, hace rato que vendrían por todos nosotros y hasta por nuestros muertos más queridos.
No quedaría alma en pie, ni Asignación Universal por Hijo, ni planes de vivienda, ni jubilaciones mínimas garantizadas, ni YPF, ni trenes, ni los Carnavales quedarían en el calendario.
Pero esas clases viejas, salpimentadas de narcos y nostálgicos de la dictadura, no la tienen todo a su favor. Hay que leer bien la realidad para darse cuenta que este golpe destituyente que hoy está mordiendo los talones de la democracia a nivel judicial y mediático, es una operación defensiva para meter barullo en la sociedad, apelar al miedo colectivo como recurso extorsivo y enlodar la imagen de Cristina, para ver si en la estampida puede pescar algo positivo para su tropa en desbande.
Claramente, no estamos disputando el mismo espacio social con los golpistas como ocurrió otras veces en la historia, por tanto, no hay peligro de fractura social o divisiones en el campo popular.
Ellos no pueden trasponer la frontera de su propio espacio histórico, ese espacio de violentos y oligarcas, de violentos y mafiosos, de violentos y clasistas, de violentos y corporativos, de violentos y elitistas, de violentos y colonizados, de violentos y represores.
Nosotros, los que nos identificamos con el proyecto de país inclusivo y justo que lidera Cristina, ocupamos el espacio ancho y profundo de los sectores populares, el espacio de la cultura, el espacio de la democratización en la justicia y en todos los espacios institucionales de la República, el espacio de unidad latinoamericana, el espacio de la paz social y la alegría colectiva, el espacio del país industrializado y moderno que entra de lleno al siglo XXI en alianza con las potencias emergentes que le dan nueva tonicidad a las relaciones internacionales, China y Rusia mediante.
El péndulo que usan para marcar la hora pertenece a un reloj que atrasa la historia al menos medio siglo. El tiempo juega esta vez a favor de los pueblos; aquí, en Brasil y Venezuela, en Bolivia y Ecuador y en cada uno de los países de la Patria Grande que hoy sufren el mismo acoso que sufrimos nosotros. Ellos necesitan apurar los tiempos del conflicto para alargar, a su vez, los tiempos que le permitan armar una oferta electoral opositora que rejunte la manada de lobos que andan sueltos.
El dato singular de la época, entre otros, es que esta vez los pueblos aprendieron a no soltar ni rifar el reloj de su propia historia. Y mucho menos, van a dejar que sean otros, las minorías poderosas de las corporaciones, los que le digan qué hora es, qué día es, qué tiempo es.
El viejo imperio mundial está en decadencia; por eso, cada hora que pasa es una hora perdida para la capacidad de daño de los poderes de cabotaje que dominaron en estas comarcas a su total antojo.
Claro que si de armas se trata, hay que reconocer que cuentan con un arsenal mediático que da pavura. Ametrallan, bombardean, tirotean, incendian, asustan a los chicos desde las azoteas de sus portales de red y televisivos, gráficos y radiales. Cuentan, además, con el antiguo reducto de un poder judicial que ha dejado atrás su papel de históricos defensores del sistema, para pasar a ser un cuerpo de infantería, añejado y presto a denunciar desde la línea de flotación hasta la misma cabeza del proyecto liberador que hoy nos gobierna.
Es decir, no cuentan ya con los tanques y los cuarteles con que contaron siempre para disparar, no ríos de tinta virtual, sino ríos de sangre literal.
¿Entonces qué hacemos?
Hacemos lo que mandó la Jefa de la Nación: cantemos y amemos más que nunca en estos días.
Están tirando con pólvora mojada, más allá de la tragedia que ellos mismos provocaron con la muerte del fiscal; de su fiscal, hay que decirlo.
Habrá que cuidarse de la tentación animal de responder con destemplanza. Que nadie le haga el juego al tablero del odio que pretenden imponernos.
Que ellos denuncien nomás. Que imputen nomás. Sepamos que Cristina está más firme que nunca, y es eso mismo, los que los vuelve locos por no poder horadar la voluntad colectiva que ella representa.
Nuestra arma es la política. Hagamos política día a día, cuadra a cuadra, casa a casa.
Y no olvidemos: son ellos los que están a la defensiva; no nosotros, el pueblo.
La alegría pasó a la ofensiva el día que un Flaco desgarbado llamado Néstor Kirchner nos vino a proponer un sueño. Y esa alegría se consolidó en el terreno, cuando la más hermosa y corajuda Presidenta de estos confines del mundo, mirándolos a los ojos les espetó suavemente:
“¿Saben qué? Yo no les tengo miedo”
Es que a Cristina la podrá imputar falsamente en un mostrador judicial, cualquier fiscal de morondanga.
Pero a esos enemigos de la paz social, a esos antiguos coroneles de Mitre hoy devenidos en capangas judiciales de los grandes medios corporativos, la historia grande de la patria los imputará por los siglos de los siglos.
Que nadie baje los brazos ni arríe bandera alguna. Nada habrá que temer con la verdad en las manos.
Y más temprano que tarde, será justicia.