miércoles, 16 de noviembre de 2016

Homenaje a Ofelia


Terminaba diciembre del año 2014. Habíamos decidido realizar un homenaje a las Madres en el Museo Malvinas. No sabíamos que ella vendría. Nadie lo sabía, sólo ella. Hasta que un compañero corrió hacia mí y con cara de asombro me dijo: "No estoy loco, pero creo que la madre de la presidenta está sentada sola en el patio del Museo". Corrí al lugar indicado y la vi con mis propios ojos: era Ofelia, la mamá de Cristina, entonces Presidenta de la República Argentina. Me acerqué tímida y respetuosamente y la saludé con el mayor afecto que pude expresar en ese momento. "Qué linda sorpresa, Ofelia. Gracias por venir" recuerdo que le dije. "Y cómo pensas que no iba a venir un día como hoy" me respondió con un tono firme y sereno.Mientras le pasaba el brazo para acompañarla al Auditorio, la invité a ver la Sala Sentir Malvinas o Sala Prólogo y antes de entrar al Acto pasamos por la Sala de los Niños o Sala Paka paka como se la conocía. Me alarmé cuando ví que le rodaban lágrimas por las mejillas. "No te preocupes" me dijo. "Mirá todo lo que tenés acá: la Causa Malvinas, las Madres, los Desaparecidos, los niños jugando, la historia viva del pueblo...cómo querés que no llore".
Días después escribí para un semanario la nota que sigue abajo.
Quise compartirlo ahora que la verguenza y la indignación me brotan por todos los poros y estas ganas de correr hasta Ofelia y abrazarla para intentar remediar tanto odio y revanchismo contra ella, contra Cristina y su familia. No hay derecho, no hay derecho, no hay derecho.
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Hebe, Ofelia, los pibes y Malvinas
Hay veces que la historia de los pueblos se resume en un instante preciso y en un mismo lugar.
Fue hace pocos días en el Museo Malvinas, el que fue construido por decisión de la presidenta sobre la tierra herida y doliente de la Ex ESMA.
Ofelia, con sus ochenta largos, avanza a pasos calculados para no tropezar en su camino hacia donde estaban las Madres de Plaza de Mayo esperando el momento del homenaje que allí recibirían.
Hebe, también con sus ochenta largos, la ve venir, la abraza y se abrazan todas como si fueran niñas reencontradas en el patio del recreo en una escuela de La Plata.
Menos Ofelia, todas llevan el pañuelo blanco sobre sus cabezas.
De pronto hace su entrada Andrés “Cuervo” Larroque y todas se vuelven a abrazar y a reír como viejos compinches que se escapan a la siesta para ir a jugar a la vereda. Después de todo, es el Espacio de la Memoria y los Derechos Humanos.
Hay música en el ambiente, variada y linda música.
Un Granadero hace ritmo con sus altas botas negras, mientras la banda musical agita el viento y hace balancear el avioncito de Fitzgerald colgado del techo del Museo.
Miro la escena y pienso emocionado: “De aquí ya no se vuelve”.
Todas esas mujeres compañeras de Hebe, perdieron a sus hijos en las manos sangrientas de los genocidas, civiles y militares, de la última dictadura.
Ofelia, en cambio, es madre de la presidenta que al igual que su marido, el presidente Néstor Kirchner, reparó con justicia tanto dolor causado a esos compatriotas muertos, torturados, exiliados, encarcelados y desaparecidos, muchos de los cuales fueron sus compañeros de militancia en los años setenta.
Todo ocurre en el domicilio de la Causa Malvinas. Y como si fuera poco se suma Vicky Cabo, la hermana de Dardo, el jefe de aquel operativo “Cóndor” que aterrizó en Malvinas con las 7 banderas de las cuales una exhibe su proeza en el Museo.
“La historia reparada”, pienso, mientras musito por lo bajo por esas cosas del pudor: “Tenemos patria, tenemos patria”.
Ninguna ofensa a nadie. Ningún insulto se escucha en esa tarde de homenajes y despedida del año. Ningún desmadre. Hay tanto dolor acumulado allí por cada metro cuadrado que alcanzaría para hacer un mar de lágrimas y espanto y sin embargo no deviene ni un centímetro en rencor, sino en muestras de amor y más amor.
“Te recuerdo Amanda” canta en el Museo el maravilloso coro del ECUNHI y Roberto Caballero se refriega los ojos y lloramos todos, mientras los pibes de los barrios entregan sus regalos a las Madres.
Y tanto amor tenía que producir otro milagro: Hebe, con sus ochenta largos y sus pasos cortos andando con un andador, se pone de pie y empieza a bailar al compás de los bombos y los clarinetes que acompañan las consignas que entonan los pibes de La Cámpora. Hebe ya no baila sola. Hebe baila con todos y todos la aplauden y siguen llorando de emoción mientras la ven pasar entre el Gaucho Rivero y Luis Vernet y el acordeón nostalgioso de un ex combatiente de Malvinas.
Javier, hijo de Paco, el que supo ser Urondo para todos los tiempos, acerca una copa y brindamos juntos. “Por la vida” dicen las Madres y repetimos todos: “Por la vida”. Y está todo dicho.
Tristán Bauer y María Rosenfeldt se acercan y me dicen temblorosos de emoción: “Guardemos este momento en algún lugar del museo”.
Claro que sí. Hay que guardarlo como un mojón del alma colectiva, porque cada vez que reímos y bailamos es una batalla cultural ganada a tanta tristeza compartida, la que nos viene de antaño y la honda tristeza más reciente, cuando Néstor partió no sé hacia dónde, aunque sigamos cantando por los siglos de los siglos que no se morirá jamás.
Chachi Velázquez entrega una carta de Alicia Kirchner y el aire vuelve a llenarse de consignas.
Teresa Parodi habla y nos volvemos a emocionar. La ternura aletea por aquí y por allá.
El ex combatiente, Ernesto Alonso, habla y ríe a carcajadas con un militante kirchnerista que ahora tiene su edad cuando él combatió en Malvinas.
A este país de amor se lo puede tocar, acariciar, invitarlo a bailar como baila Hebe.
Cabe una pregunta inocente en el Día de los Inocentes: ¿Al país de Magnetto se lo podrá encontrar fuera de los albañales del odio y de la cría que dejó la dictadura?
Nos estamos yendo hasta el año que viene y el balance se resume en aquella tarde junto a Hebe, Ofelia, los pibes y la Causa Malvinas.
Dos proyectos de país se vienen enfrentando desde hace ya dos siglos. Pero se ven la cara recién en estos últimos años.
El que expresa y representa la injusticia y la exclusión, la dependencia y la entrega del patrimonio de los argentinos, la subordinación política a los poderes corporativos, ese poder que archiva en su madriguera tanto olor a muerte, ese poder financiero que con sólo dar una orden por control remoto hace estallar países por el aire, ese poder es el que quiso la violencia para este final de año.
Y no pudo.
El proyecto del que formamos parte tiene la guardia en alto porque los conoce bien y en el cuero propio. Pero eso no impide que bailemos festejando una nueva victoria, y no esta última victoria, sino la que se aproxima a pasos agigantados.
A diferencia de otros tiempos y de otros países hermanos, la Argentina no tiene una grieta social como quisieron vendernos. Hay remeras con la cara de Néstor y Cristina, de Hugo Chávez y Fidel, del Che Guevara y las Malvinas, ¿alguien vio una remera con la cara de Magnetto, el verdadero jefe opositor?
Suben las ventas en los comercios grandes, medianos y pequeños, las rutas se llenan con 2 millones de turistas presurosos por un cacho de playa o de montaña, la radio informa que subieron las reservas del Banco Central a 31 mil millones de dólares y que las naftas bajarán el 5 % a partir de enero, el cielo de la noche navideña se llena de colores, los vecinos levantan sus copas de vereda a vereda, los violentos estarán mordiendo el freno en sus aguantaderas.
Ha ganado el sentido común de los argentinos y la paz social es su mejor custodia.
El año que llega será mucho mejor todavía.
Hay proyecto de patria para rato.
Miradas al Sur, domingo 28 de diciembre de 2014

sábado, 12 de noviembre de 2016

jueves, 10 de noviembre de 2016

El cielo se llenó de cisnes negros



Introducción: si por “cisne negro” se entiende a los hechos extraordinarios, imprevistos e impredecibles que rompen política, social y culturalmente con la acostumbrada línea del horizonte y con la línea vertical de la ley de gravedad vigente, digamos que varios y diversos hechos han logrado ser merecedores de tal mote en el último tiempo. Nombremos algunos: la votación de Inglaterra para salir de la Unión Europea (Brexit); la votación por el No a la Paz en Colombia; La unción de un cura peronista como Papa; la victoria de Donald Trump en los EE.UU. De allí el título de esta reflexión somera para abrir el debate. 
1.- El triunfo de Trump es el inicio del fin del neoliberalismo global y la aceptación norteamericana de que el mundo dejó de ser unipolar para convertirse en un mundo multipolar. Es el primer presidente de los EE.UU. que no llega al gobierno con el apoyo poderoso del complejo financiero militar de su país ni de Wall Street ni de los grandes medios. Léase: la flor y nata del poder neoliberal global. 
2.- EE.UU. desarrollará con Trump, según se anuncia, una fuerte política aislacionista, puertas adentro de sus fronteras, que tendrá como meta devolver a los estadounidenses la ilusión del sueño americano: basta de gastos bélicos para costear los gastos del mundo a expensas de la creciente pobreza del ciudadano propiamente norteamericano; es lo que proclama Trump. 
3.- Hay que dar un intenso debate con los compatriotas que por desconocimiento o prejuicios se compraron el cliché de que en EE.UU. ganó la derecha más retrograda y perdió el progresismo más avanzado. Ganó una versión norteamericana de la derecha nacionalista, sí. Pero la que perdió fue una de las principales comandantes de las fuerzas políticas militares de EE.UU. y la OTAN que asesinó en vivo y en directo a un líder terrorista antes prohijado por ellos ( Bill Laden) y por sobre todo, aniquiló una nación como Libia provocando en consecuencia la tragedia humanitaria de este siglo expresada en las masivas migraciones que día a día naufragan en el Mediterráneo. Libia siempre fue un estado tapón del África. Muamar al Gadafi advirtió que si lo derrocaban Libia dejaría de ser contenedor de sus hermanos africanos para ser el muelle por donde se irían a Europa los pueblos que huyen del hambre y de las guerras y de los misiles norteamericanos. Es lo que está pasando. La candidata que perdió, además, convalidó los ataques económicos y parlamentarios a Venezuela, a Bolivia, a Ecuador, y diseñó los golpes que destituyeron gobiernos populares en la región. No nos engañemos más con el discurso falsamente “progre”. 
4.- Todas las bolsas del mundo cayeron ni bien se supo que ganaba Trump, todas, menos la de Rusia. Algo nos dice este dato del nuevo mapa mundial que se abre de ahora en más. 
5.- Anotemos y observemos quiénes se lamentan aquí de la derrota demócrata: Macri, Malcorra, TN y Clarín, La Nación, los pro-buitres de la Bolsa. 
6.- Trump ya se pronunció contra todo intento de reeditar el ALCA, tipo el Acuerdo Transpacífico (PPP), y contra el NAFTA (acuerdo de libre comercio de EE.UU. con Canadá y México) y contra el mega gasto económico militar que hacen para mantener a la OTAN. Que cada uno se pague lo que consuma, dijo Trump. Por eso las caras largas contra él en toda Europa. Trump acepta que son tres potencias las que se reparten la geopolítica mundial en este siglo: EE.UU., Rusia y la China emergente. De allí los enojos de unos y las caras alegres de otros. O sea: Trump acepta que el mundo es multipolar y que al aceptarlo podrá direccionar el gasto público fronteras adentro de los EE.UU. y no tanto en las trincheras externas. Él no es un pacifista. Es un millonario pragmático que leyó mejor que nadie la realidad del mundo y de su propia sociedad. Como dice irónica y sagazmente un amigo: por fin los yanquis tienen a un presidente que se parece a su pueblo. 
7.- En este contexto, Argentina y América Latina deberán reagrupar fuerzas y volver a disputar el sentido común perdido con el neoliberalismo que hoy llora la derrota de Clinton. No esperemos nada de nadie. No festejemos el triunfo de ninguna potencia. Nosotros cuando fuimos libres fue porque nos valimos de nuestras propias fuerzas y con nuestro propio espíritu libertario. No dependamos de nadie. Más que de nosotros mismos. 
8. Ahora sí entrémosle a la cantinela impuesta por los medios a escala global: Trump es xenófobo, sexista, racista, insensible, etc., etc. Y sí. Toda discriminación merece nuestro más absoluto repudio y rechazo. Condenemos este rasgo autoritario. Para eso damos la batalla cultural día a día de la manera que cada uno puede. Pero de lo que se trata es de comprender que la política es causa y consecuencia de las relaciones de fuerzas y de poder que vayamos construyendo. La inteligencia política entonces es aprovechar el resquebrajamiento del poder unipolar para construir mayores espacios de autonomía y para construir más y más derechos sociales. 
9.- Macri no es Trump. El nuestro es un millonario a costa del Estado pero que ahora reniega del Estado para no tener que hacer grande y feliz a su pueblo, sólo a su propio bolsillo. El otro es un millonario que se vale del Estado para fortalecer a su nación a costa de dejar a la intemperie a todo aquel que no sea un NIC como se aprecia ser él. No caigamos en la trampa que nos tiende el poder financiero mediático vendiéndonos que ahora viene la catástrofe para América Latina. Nunca se preocuparon de nosotros más que para expoliar nuestras riquezas. Dejemos que sigan sin preocuparse de nosotros y hagamos lo que tengamos que hacer como libres que somos. 
10.- A la izquierda nuestra, la pared: tenemos más que suficiente autoridad política y moral para condenar todas las conductas racistas y xenófobas verbalizadas por el presidente electo de la potencia imperial del norte. Los que votaron a Macri tendrían que tener el pudor de no mostrarse tan verborrágicamente anti Trump mientras aquí votaron como votaron. Somos pocos y nos conocemos muchos. Pero mucho más condenamos la violencia imperial que arma el ISIS, que bombardea a escuelas y hospitales de niños en Siria y a los países de aquella tan sufrida y milenaria región en nombre del “mundo libre”. El mundo cruje por abajo y por arriba. El futuro es impredecible y nos obliga a ser creativos. Como enseñan los pueblos originarios: No sigamos las huellas de los antiguos, busquemos la última huella que ellos dejaron y el lugar que ellos buscaban al momento de partir. Y sigamos caminando hacia delante, haciendo nuestras propias huellas. 
Volveremos y seremos mejores, ya lo verás mi amor.