miércoles, 29 de febrero de 2012

Un país que sea como Mónica Braña


La Presidenta la vio mientras hablaba ayer en la Casa Rosada; la llamó, la abrazó un largo rato y la presentó.

Era Mónica Braña, la chica que apareció en algunas fotografías auxiliando a los heridos de la tragedia ferroviaria en Once.

Venía en uno de los últimos vagones, cayó al piso por el impacto del choque, se incorporó y empezó a mostrarse tal cual es: solidaria, militante, enfermera, enteramente humana.

Escuchémosla.

“Cuando podemos levantarnos, veo un chico con un pierna quebrada y una mujer herida. Entonces digo a los que están bien que dejen lugar para la gente lastimada…voy a buscar ayuda. Camino por la vía hacia la cabecera del tren y ahí comienzo a ver que era un desastre: la gente saltaba de los vagones como podía…Cuando llego a los primeros vagones, era terrible: un chico con medio cuerpo afuera; otros apretados contra la ventanilla. Gritos y más gritos. En el aire, olor a terror.

Subo al segundo vagón y un policía está tirando de los brazos a un hombre que quedó entre los hierros retorcidos y las personas. Le digo que no lo haga, por que puede ser peor, por la columna vertebral…Ves la sangre, estás sobre la sangre pero eso no importa, no importa sino la vida… Había un chico, abajo…Un pibe que pudo ya estar muerto pero no podes pensar sino en la vida. Y tampoco es pensar…Es ser, ser para quien te necesita…

…Lo cierto es que se evacuaron 800 personas en dos horas. Digo personas y me molesta. Eran compañeros, compañeras, hombre viejos, chicos, madres.

…Esto es lo que vale ser. Ser solidario es una expresión. Vivir solidaridad es algo que te marca. Es el alma que está en juego y tienes el aviso, de algún lado la mente te dice: esto soñaste ser.

No es que pensaba. Es sentir. Al margen del dolor y la muerte, verse en el codo a codo con tantos hermanos, sentir que te preparaste para eso, como un mandato, algo muy profundo. Ser solidario, ser el otro cuando el otro te necesita…ese es el mundo que soñamos, por el cual venimos luchando.

Ahora…una comprende que para eso se venía preparando, no para un accidente, sino para dar pelea, para dejar atrás el individualismo y ser todos. Que estuviste en medio de la muerte y pensaste en el otro, en ayudar…Ya sabemos, los medios son capaces de intentar borrar la verdad, lo solidario y montarse sobre el odio. Son así. A mí me queda el saber que soy, que somos, y muchos, capaces de ser el otro cuando el mundo se oscurece”.

Un país que se parezca a Mónica es el país que presentó ayer Alicia Kirchner junto a la Presidenta.

Quizás este ejemplo de vida en medio de tanta muerte esté anunciando el parto de una nueva sociedad más justa, solidaria, inclusiva, más humana.

Que así sea.

El Argentino, miércoles 29 de febrero de 2012

martes, 28 de febrero de 2012

Volver a Manuel Belgrano


Se celebró ayer el Bicentenario de la Creación de la Bandera.

La Presidenta puso bien en alto las banderas de independencia y libertad, de una patria con justicia, equidad e igualdad por las que luchó Manuel Belgrano.

Cristina habló con la voz de su pueblo: “voy a tomar las decisiones que sean necesarias” dijo cuando rindió un emotivo homenaje a las víctimas de la tragedia de Once.

Fue como volver a Manuel Belgrano, cuando nos hablaba “sobre las causas de la destrucción o la conservación y engrandecimiento de las naciones”.

Hay que ir al fondo de la historia en cada encrucijada para darnos luz a la hora de entender qué esta pasando.

En las filas que apuestan a la desesperanza, a la impunidad, a la vuelta al pasado oprobioso de los argentinos, aprovechan cada circunstancia para desunir y desesperanzar al pueblo, para usufructuar la sangre derramada por ese mismo pueblo, para dividirlo, enfrentarlo, quebrarlo en su orgullo de patria.

En las filas nacionales, populares y democráticas hay que escuchar a Cristina.

Y a Belgrano diciendo en El Correo de Comercio, el 19 de mayo de 1810:

“Procurando indagar en la historia de los pueblos las causas de la extinción de su existencia política, habiendo conseguido muchos de ellos un renombre que ha llegado hasta nuestros días, en vano hemos buscado en la falta de religión, en sus malas instituciones y leyes, en el abuso de autoridad de sus gobernantes, en la corrupción de costumbres y demás.

Después de un maduro examen y de la reflexión más detenida, hemos venido a inferir que cada uno de aquellos motivos y todos juntos no han sido más que causas, o mejor diremos, los antecedentes que han producido la única, la principal, en una palabra, la desunión.

Esta sola voz es capaz de traer a la imaginación los más horribles desastres que con ella pueda sufrir una sociedad, sea cual fuere el gobierno que la dirija: basta la desunión para originar guerras civiles, para dar entrada al enemigo por débil que sea, para arruinar el imperio más floreciente.

Por el contrario la unión ha sostenido a las naciones contra los ataques más bien meditados del poder, y las ha elevado al grado de mayor engrandecimiento, hallando por su medio cuantos recursos han necesitado en todas las circunstancias o para sobrellevar sus infortunios, o para aprovecharse de las ventajas que el orden de los acontecimientos les ha presentado.

Ella es la única capaz de sacar a las naciones del estado de opresión en que las ponen sus enemigos, de volverlas a su esplendor y de contenerlas en las orillas del precipicio: Por lo tanto (la unión) es la joya más preciosa que tienen las naciones”.

Volvió Belgrano. Habló Cristina. Tenemos Patria.

El Argentino, martes 28 de febrero de 2012

domingo, 26 de febrero de 2012

Los querellantes del país injusto


Vivimos en un país que no da respiro ni en los carnavales.

Como si el pasado más oprobioso de los argentinos se empeñara en seguir agitando todos sus fantasmas entre nosotros.

Ocurre de vez en cuando, pero ocurre.

En un puñado de días se juntaron en el aire, por un lado el genocida Videla y por otro, los argentinos desalmados que firmaron una carta de apoyo al colonialismo británico.

A las diversas expresiones del pensamiento nacional, les surgió la oposición que se merecen: los cipayos de la Carta Colonialista.

La tragedia ferroviaria en la Estación de Once también es parte de ese pasado que cuando pisa, pisa fuerte.

Es evidente que el modelo nacional y popular le queda grande de talle a ese triste pasado que insiste en meter sus garras donde encuentra un hueco. Habrá que ajustar los puntos para que la aguja que zurza la sintonía fina se meta entre los rieles y los trenes y deshaga al mismo tiempo, los remiendos indolentes de la mala costura.

Se lo merecen los muertos, los heridos, los familiares, los argentinos todos y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Se lo merecen los miles de pasajeros que viajan día a día a su lugar de empleo o de estudio. Mucho más ahora que volvió el trabajo y la inclusión educativa es universal.

Nos acostumbraron a observar y analizar las partes de la realidad como si fueran un todo absoluto. Al Grupo Clarín y los medios dominantes les conviene que nos extraviemos en cada una de las partes, para olvidarnos del todo.

Así ocurrió con la tarjeta SUBE y con el tan meneado Proyecto X.

La ministra Nilda Garré fue muy clara en su informe final; los denunciantes, los lenguaraces de los medios y esa progresía que cacarea siempre por si las moscas, pusieron en duda un valor que este gobierno le agregó a la democracia: el conflicto social no se criminaliza.

Buscan desesperadamente abrir grietas por donde fugue la energía social acumulada en este nuevo país.

¿Es posible preguntarnos en qué país sucedió esta tragedia del Once? ¿Alguien pensó, seriamente, que por ese tren se fugaban todas las conquistas sociales y derechos reparados en estos últimos años? ¿Alguien creyó que ese tren de la muerte era la metáfora del país que reconstruimos desde Néstor Kirchner hasta aquí? ¿Alguien, bienintencionado, creyó que ese andén era el ojo de la cerradura por donde debía mirarse el país real de los argentinos?

Es peligroso caer en el juego que más le gusta a los enemigos de la democracia y de la vida: aturdirnos, confundirnos, enredarnos entre nosotros mismos.

Estamos en las antípodas de ese juego letal. No porque obviemos la parte, la coyuntura, el suceso cotidiano, ni el bueno ni el dramático. Sino porque nos negamos a que los mismos sectores que chocaron el país en la década infame del neoliberalismo sean hoy los “salvadores” de la moral y la seguridad pública.

Y porque tenemos memoria.

La tragedia nos enluta, nos interpela, nos exige avanzar construyendo más cambios.

Pero también desnuda una Argentina que ya no pide a los gritos que “hay que privatizar todo porque el Estado no sirve para nada”. Al contrario, la unanimidad se logra, por convicción, por oportunismo o por mala leche incluso, al exigir la anulación de la concesión privada a la empresa TBA y la recuperación de la administración por parte del Estado de un ferrocarril que, aclaremos, sigue siendo del Estado. Como dicen los queridos blogueros: “Gracias Néstor”. Porque de esta desgracia se saldrá con una cultura política nueva asentada en la revalorización de lo público. No es poca cosa.

Los que recorren el camino inverso, diametralmente opuesto al que sigue la sociedad mayoritariamente, son los cráneos del liberalismo conservador mitrista encabezados por Beatriz Sarlo. Explícita y obscenamente son la expresión del viejo poder que ha quedado vacío de promotores políticos. Por eso despotrican contra la oposición legislativa y partidaria; ellos querrían contar con una oposición lisa y llanamente golpista y pro británica.

Creen que con ese documento infame que difundieron enfrentan al gobierno de Cristina pero en verdad, enfrentan la historia de los argentinos, la sangre derramada por nuestros pibes y soldados que dejaron sus vidas en Malvinas, enfrentan una causa nacional que es sagrada para este pueblo, mal que les pese y ofenden la memoria de Arturo Illia, el presidente constitucional que supo tejer aquel texto inteligente y perenne que dio lugar a la Resolución 2065 de la ONU en 1965.

Lastimaría el alma de la buena gente que se les otorgue patente de “intelectuales argentinos que piensan diferente”. Son cipayos. Los hubo siempre. Si vivieran en tiempos de Rosas abordarían los barcos de la flota anglo francesa que luchó contra el heroico Ejercito del General Mansilla en la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845.

Llamaron al gobierno de los argentinos a “abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean” los isleños.

Aquí no abdica nadie. Abdican los reyes. No los hombres y mujeres elegidos por el pueblo.

¿Por qué llegamos a este punto de inflexión en la Argentina? ¿Por qué podemos discutir recién ahora los grandes temas que forman parte de la estructura y el destino del país? Simple y profundo: por que desde el 2003 gobierna el modelo nacional, popular y democrático.

El avance continuo y sostenido de ese proyecto político hace que todas las fallas e imperfecciones no se escondan bajo la alfombra, sino que queden expuestas a la luz del día.

Además, se vienen afectando viejos y poderosos intereses que reaccionan y patalean contra el cambio.

Que nadie baje la guardia, sigue siendo una consigna.

Videla y los genocidas están presos, condenados y en juicio. Las Malvinas son argentinas. Falla el sistema de transporte y el Estado se hace cargo de su responsabilidad, tomando partido por el pueblo, sin encubrir a nadie por importante que sea.

Desde hace rato los querellante del país injusto son los millones de argentinos que protagonizan este proyecto de país inclusivo.

Nunca menos, es la otra consigna.

Miradas al Sur, domingo 26 de febrero de 2012

viernes, 24 de febrero de 2012

Nosotros, los querellantes


Los mismos que chocaron el país hace diez años, arrojando a la calle millones de víctimas sociales, pretenden hoy aparecer como “carmelitas descalzas” ante la tragedia ferroviaria de la estación Once.

Sin embargo, la indignación por el impudor que demuestran estos lenguaraces del monopolio, los presuntos “intelectuales” del viejo poder y los oportunistas de la vieja política, no debería impedirnos hacer un análisis objetivo del país donde se produjo esta desgracia que nos enluta a todos.

Está claro que los poderosos intereses que intentan voltear este modelo de desarrollo económico con inclusión social, ven en cada suceso, sea bueno o trágico, una posibilidad de producir una grieta, una fuga, una oportunidad para desgastar y quebrar la marcha del proyecto iniciado en el 2003 por Néstor Kirchner y continuado por Cristina.

Por eso hay que llenar la mochila de verdades, que son los únicos argumentos que disponen los pueblos.

Empecemos ya, para que nadie se confunda.

¿En qué país chocó el tren de la tragedia? ¿Acaso en un país que se cae a pedazos, que sufre un corralito con sus ahorros, que expulsa a la clase media y a los trabajadores, que abandona a su niñez y su juventud, que baja el presupuesto educativo?

Pongamos las cosas en su justo lugar.

Este tren no es la metáfora de la nueva Argentina, sino su desperfecto, su tornillo suelto, su accidente fatal, su imperfección, su inmenso dolor.

Este tren es la ausencia de sintonía fina en el sistema de transporte.

Las víctimas de esta tragedia eran el subsuelo de la patria, sublevado, cuando la agenda pública la escribían los que hoy se rasgan las vestiduras con el choque en el andén.

Pero esos trabajadores y los miles de ciudadanos que viajan todos los días a su lugar de trabajo ya no son el subsuelo, sino la piel misma de esta patria que recuperamos los argentinos en los últimos años.

Y la agenda la escribe el gobierno que los representa; porque fueron ellos, los trabajadores, los que así lo decidieron y plebiscitaron el 23 de octubre pasado.

No hay que dejarse encerrar en el cuarto asfixiante donde pretenden meternos los cipayos que argumentan que las Malvinas no son argentinas.

Este modelo seguramente corregirá, sacará, pondrá, cambiará lo que sea necesario cuando la Presidenta elegida por el voto popular lo decida, no cuando lo pidan los desvergonzados de TN, Clarín o La Nación.

La desocupación cayó a su nivel más bajo de los últimos 20 años: el 6, 7%.

Y miren que coincidencia: el dato se conoció mientras se informaba que la Eurozona seguirá en recesión.

De ese infierno venimos los argentinos y a ese infierno y a esta tragedia, los argentinos les presentamos querella.

El Argentino, viernes 24 de febrero de 2012

jueves, 23 de febrero de 2012

Morir en el andén


No hay palabras que puedan remediar este dolor colectivo.

Todo lo que se desprende de la tragedia ferroviaria en la Estación de Once, sabe a dolor. Sólo cabe una primera actitud: el profundo respeto solidario ante los familiares y amigos de las víctimas y acongojadamente, ante los muertos y heridos.

La segunda actitud que se impone es preguntarse: ¿Por qué no se detuvo el tren? Si había pasado por talleres el día anterior ¿Fallaron los frenos como dijeron algunos pasajeros?

Y es aquí donde habrá que indagar hasta encontrar responsables y tener, como sociedad, la estricta investigación que esclarezca esta desgracia.

Si no fue un atentado criminal ni una catástrofe causada por la naturaleza, alguien tendrá que rendir cuentas por esta tragedia.

Este pueblo no se merece la vista gorda de nadie.

Si la empresa es responsable por no invertir, tendrá que hacerse cargo y el Estado reconsiderar la concesión. Y si no lo es, habrá que saber qué pasó.

Los 49 muertos y los centenares de heridos exigen justicia.

La empresa TBA se presenta institucionalmente diciendo que “tiene una red de casi 400 kilómetros de línea férrea con más de 1.000 servicios diarios y en el último año transportó alrededor de 191 millones de pasajeros”, que “está comprometido con un objetivo primordial: un concepto ético de los negocios y de las relaciones con sus empleados, clientes, proveedores, accionistas y el Estado Nacional” y que “aspira a demostrar seriedad y responsabilidad en el manejo del servicio público y privado…” pues entonces, TBA tiene la obligación de decirnos que fue lo que ocurrió.

Mucho más cuando declaró una facturación de 163, 5 millones de dólares en el 2009.

Este país y este gobierno que recuperó el Estado para los argentinos y no para los que sólo piensan en el lucro económico, no se merecen otra cosa que no sea justicia.

En las primeras horas es inútil pretender conclusiones terminantes sobre las causas de esta desgracia humana. Pero la investigación deberá ser exhaustiva y lo más veloz posible.

El modelo gobernante no vale sólo por la reparación de los daños causados por el neoliberalismo; también vale por que marca un camino ascendente de inclusión social. Y la mayoría de las víctimas en Once son precisamente los nuevos incluidos, esos miles y miles de jóvenes trabajadores que viajan todos los días en el transporte público. Ellos son el sujeto principal de este cambio de época.

Por eso duele más esta tragedia.

Sobre esta tristeza colectiva revolotearon ayer los caranchos de siempre, los que no dudan en entregar las Malvinas si es preciso con tal de arrojarle un piedrazo al gobierno nacional.

Guarden algo de pudor, al menos. La Argentina está de luto.

El Argentino, jueves 23 de febrero de 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012

Del Gaucho Rivero al General Leal


Hoy es el Día de la Antártida Argentina.

En esta nueva época que vivimos, donde el mundo se transforma y se achican y se agrandan las fronteras, se funden, se defienden, se invaden, se mueven, se conmueven, es preciso volver a plantar bandera sobre la extensión total de nuestro territorio.

Pese a la prosa hiriente de los colonizados, no hay espacio inalcanzable en una Patria para todos.

Por eso Malvinas. Y por eso la Antártida Argentina, ahora que recuperamos el Estado.

El 22 de Febrero de 1904 se izó por primera vez, allá en las Orcadas del Sur, la bandera que Belgrano nos legó.

El abanderado fue un cartero, de 18 años de edad; Hugo Acuña, era su nombre. Integraba esa primera expedición oficial hacia el Polo Sur, buscando instalar una estafeta postal, un observatorio meteorológico, una base permanente del Estado argentino.

El continente blanco acunaba con su frío y sus tempestades al primer destacamento oficial de una nación del mundo. Así sería durante 40 años. Recién después llegaron otros barcos y otras banderas.

Hoy, cuando se descubren planetas muy lejanos pero que podrían ser beneficiosos para los humanos, la Argentina sabe que no precisa volar para tocar el cielo.

Allá en el sur del sur de la Tierra del Fuego tiene su reservorio de vida en un territorio de paz para la humanidad.

De la humanidad, sí, pero con nuestra bandera.

Honor y Gloria a Sobral, Irízar, Piedra Buena, Francisco P. Moreno y a los marinos y científicos que iniciaron aquella travesía hasta la isla Laurie para conocer, estudiar e investigar cómo es el planeta en ese extremo austral.

Y si se nos permite el sano orgullo, para saber cómo es la Argentina y la América Latina en su costilla de hielo.

Ellos no fueron con armas de guerra, sino con un cartero, un meteorólogo, un funcionario experto en Zoología y un cocinero.

Vaya la diferencia con los colonialistas.

Años después, en 1965, el Presidente Arturo Illia autorizó la expedición más riesgosa que encararía el hombre a lo largo de su historia en estas pampas lejanas: llegar por el continente hasta la Antártida Argentina.

El entonces coronel Jorge Edgard Leal partió el 26 de octubre de aquel año al mando de una patrulla de valientes y llegó al punto más austral de la Argentina, en el Polo Sur, el 10 de diciembre.

“No se puede amar ni sentir como propio lo que no se conoce” declaró Leal cuando propuso la hazaña.

Quisimos hablar de esta fecha en armonía con nuestra digna historia.

Porque así como el Gaucho Rivero peleó por sostener nuestra soberanía en Malvinas en 1833, el General Leal honró a la Patria izando la bandera allá en la Antártida Argentina, en 1965.

Tenemos Héroes. Tenemos Patria.

El Argentino, miércoles 22 de febrero de 2012

domingo, 19 de febrero de 2012

El Carnaval y sus máscaras


La calidad de vida de un país también se mide por las cosas que discute la sociedad.

¿Cuándo se debatió tanto en la Argentina sobre la minería a cielo abierto y el cuidado del ambiente y la responsabilidad del Estado y las grandes empresas y la participación social?

Es ahora que se debaten estos temas.

¿Cuándo se debatió el componente civil de la última dictadura, el rol de la iglesia, de los empresarios, de la prensa adicta al terrorismo de estado?

Ahora.

¿Cuándo se debatió tanto, con la plena vigencia del estado de derecho, el valor de la soberanía nacional en nuestras Malvinas integrado con el valor de la soberanía popular, la democracia y el modelo de desarrollo con inclusión social?

Ahora.

Podríamos seguir en una lista interminable de valores que, desde esta perspectiva, demuestran a las claras que en estos últimos años la sociedad elevó claramente su calidad de vida.

Por ejemplo.

Ya no se discute el horario a cumplir por el trencito blanco de los cartoneros, porque el trencito se quedó sin pasajeros que lo justifiquen. Se discute la forma de llegar más temprano que tarde al pleno empleo y por el mismo camino ascendente, al 82 % móvil para los jubilados.

Desde el 2003, no hace diez años aún, el país optó por el verbo Construir.

El país del espasmo se hundió el 19 y el 20 de diciembre de 2001.

Veníamos de sufrir la destrucción a manos de la dictadura cívico militar y las políticas neoliberales que le siguieron en democracia.

Toda construcción precisa, como si fuera el aire, una mirada universal de las cosas y del plano donde se proyecta el porvenir. El modelo gobernante construye de abajo hacia arriba, desde los costados y desde lo profundo.

Lejos de pontificar generalizaciones abstractas, resuelve las pequeñas cosas de los ciudadanos y los asuntos estratégicos para el país de todos.

Los que buscan destruir, por el contrario, mutilan la realidad, el tiempo y el espacio.

Por ejemplo.

Van por la tarjeta SUBE y parece que se acaba el mundo. Van por la minería y prefieren dinamitar la esperanza colectiva antes que la falda de una montaña. Van por los derechos humanos garantizados por este gobierno como ninguno antes y encuentran de repente espías por todos lados.

De todos modos, esta sociedad viene ganando la batalla cultural por goleada.

Recibe los impactos de TN, Clarín, La Nación y la progresía placeba que trabaja cama adentro con el enemigo y los devuelve, festejando el carnaval y agotando las reservas hoteleras a lo largo y ancho del país.

No hay que comerse el amague de ninguna corporación. Sólo hay que nutrirse de argumentos.

La palabra, cuando es verdadera, es la única infantería que libera a los pueblos.

Habló Videla. El dictador. El genocida. El asesino serial de los argentinos.

Decir que es aberrante todo lo que dijo, resulta insuficiente.

Con estos criminales de lesa humanidad, sí que se espantan todas las palabras.

Es casi ocioso hacerle un reportaje al Conde Drácula y titular después: “Drácula reconoció que le gusta la sangre”.

Pero sin embargo resulta interesante entrarle al “detrás de cámara” de este tipo de entrevistas. ¿Por qué? Porque estamos convencidos que en este formato presuntamente “periodístico” se esconden siempre, o casi siempre, operaciones políticas de alto voltaje. Con perdón del concepto.

Pintemos el contexto antes de seguir.

Venimos diciendo en esta columna que la recuperación de nuestras Islas Malvinas es una política de estado para el gobierno nacional. Quizá la principal de todas las políticas. Lo dijeron a su tiempo, primero Néstor Kirchner y Cristina después, desde el primer día del proyecto nacional y popular en la Casa Rosada. Allá por el 2003.

Malvinas fue una de las convicciones que no quedaron abandonadas en la puerta de Balcarce 50 y por eso es ahora, la sintonía fina del Bicentenario.

Lo decimos para que nadie se haga el distraído con la cantinela de “¿porqué ahora?”.

Desde que el Gaucho Rivero se rebeló aquel 26 de Agosto de 1833 y siempre que hubo patriotas en el gobierno, Malvinas es una ausencia muy presente.

Pero hete aquí que Clarín y La Nación encabezan la ofensiva pro-inglesa en esta etapa signada por la plena defensa de la soberanía en nuestro archipiélago austral. Llenan páginas enteras con lo que transmiten periodistas enviados a las islas, victimizando a los kelpers por la falta de bananas, poniendo de relieve los discursos oficiales del Reino Unido de Gran Bretaña y menoscabando los mensajes del gobierno argentino. Para consolidar el desembarco, sacaron a relucir las plumas engoladas de sus editorialistas, humillando una vez más la sangre derramada en Malvinas.

No tuvieron reparo ni pudores en arriar la enseña patria e izar la inglesa sobre las Malvinas.

Así son los mitristas.

Ahora, como había que “correr por izquierda” al gobierno nacional para “quebrar la moral de sus seguidores” según dicen por lo bajo, fueron a buscar a Videla. ¡A Videla!

Y el instrumento para hacerlo fue un tal Ricardo Angoso, un derechista español, que escribe contra Chávez, contra Dilma Rousseau, contra Santos y Correa y obviamente, contra Cristina Fernández de Kirchner.

Este difamador profesional escribió, antes del supuesto reportaje al dictador, que en la Argentina de los Kirchner todo iba de mal en peor, que los juicios a los militares eran sólo una venganza fuera del derecho, que la causa de Malvinas estaba perdida de antemano por la ignorancia de los argentinos, que Fidel y Chávez son dinosaurios vivos, que no hubo “golpe” en Honduras sino una vuelta a la institución soberana de ese país. Mire que joyita la de este presunto “periodista independiente”. Escribió recientemente un libro cuyo título es: “Chávez perdió. Honduras se salvó”.

Conclusión: “Videla” es parte de una operación de propaganda a triple banda: Disparan contra la posición de Argentina en materia de Derechos Humanos. Disparan contra el gobierno de Cristina por la justa causa de nuestras Malvinas. Y ya que estamos, disparan contra el dignísimo Juez español Baltazar Garzón.

Es Carnaval. Las máscaras abundan.

Miradas al Sur, domingo 19 de febrero de 2012

viernes, 17 de febrero de 2012

Siga, siga, siga el baile


El Carnaval es una fiesta donde, creyendo que nos disfrazamos, nos desnudamos todos.

Como país. Como pueblo. Como sector. Como individuos.

Volvieron los corsos y el Carnaval goza de su merecido feriado nacional.

En el país real hay una sensación colectiva de vacaciones prolongadas. ¡Justo ahora que recuperamos el trabajo!

Parece una paradoja, pero es el resultado de un país que se desarrolla con inclusión social.

¿Vieron la transmisión del festival popular en Calafate? Eran miles de argentinos.

¡En Calafate!

Salvo Néstor y Cristina que eran de esas lejanías ¿quiénes iban hasta allí sino un puñado de afortunados turistas, extranjeros en su mayoría?

Ahora se agotaron las reservas hoteleras para este fin de semana largo, en las playas y en las serranías, en las Cataratas y en la Patagonia, en la Puna y en San Telmo.

Mientras, el gobierno nacional defiende la soberanía en Malvinas frente a un colonialismo inglés cada vez más agresivo, militarista y depredador.

Es Carnaval, pero algunas máscaras se caen: Clarín, La Nación y una conjura internacional fascista atacan la Argentina por líneas interiores.

Venían publicando notas a favor de Gran Bretaña desembozadamente. Y ahora llegó el turno de la “operación Videla”.

Lo que dice el genocida es aberrante. Pero no mordamos el anzuelo.

Le doy una pista: “La culpa no la tiene el chancho sino quien le da de comer”.

Videla está preso y condenado. ¿Pero quién es el que lo entrevistó?

Superamos hace rato la edad de la inocencia de nuestra democracia, cuando nos creíamos que la cuestión pasaba por develar si era ético o no entrevistar a un criminal como Massera o Videla.

Hoy sabemos que las mentadas “entrevistas” son operaciones políticas para jaquear a la democracia y atizar el rescoldo del terrorismo de estado. Tiran la piedra y esperan para ver qué pasa.

Los civiles de la dictadura aún están libres. Ojo al piojo. Ese es el ovillo que hay que desatar para descontaminar de veras nuestra sociedad.

Le cuento.

El “entrevistador” es Ricardo Angoso, conocido difamador de la derecha española anti-latinoamericana.

“Por la boca muere el pez” dice otro refrán. Pase y compruebe:

Angoso justificó el golpe hondureño través de un libro titulado “Chávez perdió. Honduras se salvó”.

Publicó notas ofensivas y groseras contra nuestra Presidenta, atacó la defensa pacífica de nuestra soberanía en Malvinas y criticó los juicios por lesa humanidad en la Argentina.

Lo que se dice un “periodista independiente”.

Que sigan hablando. Pero hay que sacarles la careta.

Como al ministro inglés que ayer reconoció: “los kelpers son británicos”.

¿No eran acaso un “pueblo autónomo”?

Siga, siga el baile, al compás del tamboril…

El Argentino, viernes 17 de febrero de 2012

jueves, 16 de febrero de 2012

Las barbas en remojo


Una imagen: la inauguración en 1978 de Papel Prensa.

El dictador sonríe como una hiena, facilitando un lugar privilegiado a la viuda de Noble. Sonríe el dictador, sonríe Ernestina Herrera, sonríe el último de los Mitre, sonríe la dictadura cívico militar.

La dignidad de Lidia Papaleo lloraba en un calabozo.

Fue cuando clavaron la pica sobre la espalda del pueblo, levantaron sus copas y brindaron por la muerte.

¿Por qué otra cosa podían brindar los genocidas?

A más de tres décadas de aquella tenebrosa imagen, el dictador reaparece por los medios. Y pronuncia mil palabras.

Su respeto a la iglesia. Su reconocimiento a las leyes del perdón y al indulto.

Su desprecio a los Kirchner.

Los hijos de sus asesinados y desaparecidos le responden: “Nuestra única venganza es ser felices”.

El monopolio que Videla ayudó a construir, está vivito pero coleando.

Resiste a la memoria. Combate contra la voluntad popular y contra el gobierno de la democracia. Sabe que tiene los días contados, pero no se rinde.

Se creen todavía los dueños del poder absoluto. Apuestan a la soja y al arroz.

Aranda, uno de los socios de Clarín, se empeña en matar el arroyo Ayuí.

De ahí a matar el río Uruguay, hay sólo un paso.

Y de eso no se habla.

Hay que hablar sólo de las minas a cielo abierto. Allí no tienen dividendos.

No hay problema: en la Argentina se discute todo desde el 2003.

Pero no desde el poder económico, sino desde los intereses del pueblo y la nación.

Es la diferencia con esa seudo izquierda siempre dispuesta a dormir con el enemigo.

Y allá va la combativa estudiantina a batir el parche del “ajuste”, de la “represión”, de la “depredación”.

Usan las mismas palabras que pronuncia en estos días el monopolio que nació con Videla, Massera y Martínez de Hoz.

No tributan a la Cuarta Internacional, ni a la Quinta, ni a la Décima.

Tributan a Magnetto.

De este lado de la vida, el kirchnerismo se construye a sí mismo día a día.

No tiene recetas, pero sí hoja de ruta.

Acierta y se equivoca porque hace cosas a favor del pueblo.

Este gobierno le pone el cascabel al gato en el momento preciso.

Ni un minuto antes ni un minuto después.

¿Lo quieren correr por “izquierda” con Videla?

¿O pusieron las barbas en remojo?: La AFIP multó a Monsanto y a YPF. Y la Presidenta se enfrenta al colonialismo inglés con el mismo coraje que tuvo Néstor Kirchner frente a George Bush y el ALCA.

En fin.

El dictador habló y al hacerlo, hizo añicos la campaña de la “falta de libertad de expresión”. Hoy hablan hasta los genocidas.

Con una aclaración: en esta nueva Argentina ya no hay lugar para ellos. Porque no hay “Clarín” ni “La Nación” que los legitime.

Se quedaron solos. Por eso ladran.

El Argentino, jueves 16 de febrero de 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

Las Malvinas no se manchan



Mientras el canciller Timerman informó que Argentina aceptó oficialmente la mediación de Naciones Unidas en el conflicto con Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas.

Mientras decenas de intelectuales y artistas populares de distintos países de América Latina manifestaron públicamente su solidaridad con el pueblo argentino en la causa Malvinas.

Mientras todos los gobiernos de la región reiteraron igual solidaridad.

Mientras los sindicatos del transporte de la región analizan la implementación de medidas en el mismo sentido.

Mientras los legisladores nacionales preparan una sesión especial en Ushuaia para tratar el tema Malvinas.

Mientras los ex Combatientes, los que verdaderamente pelearon en nuestras islas frente al agresor británico en 1982 y quedaron con el cuerpo y el alma mutilados, hoy apoyan de manera entusiasta las acciones que viene realizando el gobierno nacional para defender esta justa causa.

Mientras todo esto ocurre, en el día de ayer las fuerzas del cipayismo dejaron de lado las sutilezas para decir directamente que había que poner “en dudas” la pertenencia legítima de nuestras islas.

Así lo manifestó un asiduo vocero de La Nación, Luis Alberto Romero, a través de una columna titulada “¿Son realmente nuestras las Malvinas?”.

Vergüenza ajena, es lo que sentimos al leerla.

El historiador llega al colmo de afirmar: “En Malvinas nunca hubo una población argentina, vencida y sometida. Quienes viven en ella, los falklanders, no quieren ser liberados por la Argentina. Me resulta difícil pensar en una solución para Malvinas que no se base en la voluntad de sus habitantes, que viven allí desde hace casi dos siglos”.

¿No sabe acaso quién fue el Gaucho Rivero y los gauchos que se rebelaron el 26 de Agosto de 1833 frente a la ocupación británica en Malvinas?

¿No sabe acaso que esos gauchos arriaron la bandera inglesa para volver a izar orgullosamente la bandera argentina?

¿No sabe acaso que la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, por iniciativa del Presidente Arturo Illia, logró que en el texto no se hablara de la “voluntad” sino de los “intereses” de los isleños porque es lo que realmente se ajusta al derecho internacional que privilegia la integridad territorial de una nación?

En la Avenida 9 de Julio, entre tanto, un pequeño grupo de ex conscriptos, que no pelearon en las Islas, que no combatieron frente al agresor colonialista, cortaron el tránsito como forma de presionar al Estado para que les otorgue un tratamiento especial.

Así no.

Con las Malvinas, no se juega ni especula.

Hay mucha sangre derramada en estos 200 años para bastardearlas así.

O se está con la Patria. O con la Colonia.

No hay más tercera vía.

El Argentino, miércoles 15 de febrero de 2012

martes, 14 de febrero de 2012

El compañero Sean Penn


El tipo se da tiempo para todo.

Es un actor de maravillas, escribe guiones como los dioses, milita en causas humanitarias, se pelea con los poderosos, destroza todas las caretas, se abraza con Fidel, con Chávez, con Mandela y con Cristina, ayer.

Se llama Sean Penn, pero parece el flaco langa de la barra de la esquina.

“Por sobre todo es un buen tipo”, dicen los que lo conocen.

Se angustia y trabaja por la desgarrada Haití a la que ama tanto.

Ayer se solidarizó con nuestra causa soberana de Malvinas y condenó el colonialismo.

Cuando habla, tiene el acento de sus personajes.

En Río Místico soltó aquella frase de: “Enterramos nuestros pecados, lavamos nuestras conciencias”.

En “21 gramos” dijo: “¿Cuántas vidas vivimos?, ¿cuántas veces morimos? Dicen que todos perdemos 21 gramos en el momento exacto de la muerte, todos. ¿Cuánto cabe en 21 gramos?, 21 gramos el peso de 5 monedas de 5 centavos, el peso de un colibrí, de una chocolatina. ¿Cuánto pesan 21 gramos?”.

O aquella otra: “El mundo giró para juntarnos el uno al otro, giró sobre sí mismo y dentro de nosotros, hasta que por fin nos juntó en este hermoso sueño”.

“El tiempo saca todas las cosas a la luz”, dijo en “Todos los hombres del rey”.

Hay una película suya en la que no actuó, pero fue su director, guionista y productor: “Hacia caminos salvajes”, se llamó.

Allí el guionista Sean Penn hace decir a su actor: “La felicidad solo es real cuando se comparte”.

Quedémonos aquí, por favor.

La Presidenta, luego de reunirse con Sean Penn, presidió el acto donde se entregaron nuevos Créditos del Bicentenario para favorecer la producción y el trabajo de los argentinos, inauguró por teleconferencia un plan de viviendas en Río Negro, una ampliación de la empresa Ferrum y la entrega de maquinaria agrícola para pequeños productores rurales del sur-este bonaerense.

María, la vecina de Cipolletti, acompañada de sus cinco hijos mostraba su casa a la Presidenta con ese orgullo que sólo tiene la gente de pueblo.

Tanto me costó, tanto lo agradezco, tanto lo valoro, tanto lo defenderé.

Es la razón pura de los humildes.

“Aquí pondré un sillón, acá una mesa para almorzar y cenar con dignidad ahora que podemos hacerlo y acá, en esta pared del living, un cuadro bien grande de Néstor Kirchner, el presidente que nos devolvió la fe, igual que usted Presidenta”.

María no conoce a Sean, pero dicen lo mismo de la felicidad.

¿Quién se cree con derecho a tirarle piedras a esta esperanza?

“Me gusta esta Argentina real, les pido que la valoremos y cuidemos”, pidió ayer Cristina.

Quizás pensaba en todas las Marías a las que aún le faltan casas.

¿Acaso hay otro camino, que no sea este, para sumar ladrillos?

El Argentino, martes 14 de febrero de 2012

domingo, 12 de febrero de 2012

El regreso de Malvinas



El abordaje de Malvinas suponía, en tiempos de desmalvinización, hablar en sordina por los pasillos de la política; “a ver si alguien se cree que somos malvineros cuando no lo somos”. Y para los que orgullosamente lo eran, hablar de Malvinas y su causa soberana, implicaba tirarse cuerpo a tierra, avanzar en zig-zag, dar un rodeo antes de la meta y vestirla con ropaje de etiqueta para que pueda ingresar a los salones de la alta política.
En pleno siglo XXI las cosas han cambiado. Hablar de Malvinas es ponerse de pie, pasar al frente, ligar el concepto de soberanía nacional con el de soberanía popular; significa, definitivamente, hacer política en una clave tan eterna como novedosa.
Equivocado está el que crea que Malvinas es sólo un par de islas en el mar austral. Malvinas es la costilla que nos arrancaron. Es una metáfora dolida de nuestra propia identidad. Malvinas no está quieta, se mueve todo el tiempo. Y lo que es más pasional y desafiante: una vez que se desata, echa a andar por sus propios medios y se mete en las casas, en los hospitales, en las iglesias, en el comité y en la unidad básica, en la academia y en el club del barrio, en los colectivos y en las estaciones.
Señoras y señores, público presente, Malvinas ha regresado a la escena política nacional. Lo hace esta vez en democracia. Y ello supone un desafío nuevo: armarse de argumentos para rebatir al colonialista y al colonizado de cabotaje que vive entre nosotros.
Porque si bien Malvinas se proyecta al mundo como la sustancia misma de la política exterior, en verdad es la parte fundante de nuestra política nacional, de la política interna, la cotidiana, la del café, la de la Casa Rosada y el Parlamento.
Ningún territorio de la patria se administra y gestiona desde las Naciones Unidas. Malvinas tampoco. Sólo que como el Reino Unido de Gran Bretaña posó allí sus garras hace 179 años, es el canciller y no el ministro del interior, el que atiende y reclama su recuperación.
Es preciso poner en un lugar correcto la causa Malvinas, porque de no hacerlo, algún distraído podrá pensar que es una cortina de humo, un impasse en el trajinar de la vida cotidiana, un punto de apoyo para no se sabe qué proyecto. Y no.
En esta democracia, Malvinas es un sustantivo como el trabajo, la Asignación Universal por Hijo, el presupuesto educativo, la movilidad jubilatoria.
Hay tres actores imprescindibles para que esta vez la causa soberana tenga un final victorioso: el pueblo argentino, el gobierno democrático y la América Latina y el Caribe.
Vivir en una democracia que no cambia nada, libera al ciudadano del compromiso de asumir a pleno su defensa. Antes bien, lo conmina a sacudir el árbol para que caigan frutos.
Pero vivir en una democracia que rompe el protocolo y la agenda del poder establecido, obliga a ejercer el oficio ciudadano de cargarse al hombro cada cambio cultural, cada conquista social, cada reparación de derechos.
Malvinas nos precisa a todos participando y armados de buenos argumentos para defenderlas.
Mucho más cuando es elocuente que se ha lanzado una operación de “inteligencia” contra nuestras filas. Las del gobierno y el proyecto nacional y popular, pero también contra las filas de los que defienden esta causa, piensen como piensen partidariamente.
¿O acaso podríamos creer que son casualidades la golpiza cobarde al diputado Díaz Bancalari, la transmisión en vivo y en directo de TN agitando fantasmas del pasado, el bombardeo mediático del Grupo Clarín y “La Nación” desde las propias islas y el ataque a granel contra la Presidenta?
Desde que recuperamos la política con Néstor y Cristina, las casualidades no existen; o valen sólo para asuntos de entre casa.
Desde esta operación desmalvinizadora echaron a rodar la teoría del “tercer actor”, los kelpers y la de su presunta legitimidad de “autodeterminación”.
Está claro que, como sucede en toda operación de magnitud, están en la primera fase de ablandar el terreno donde pisa el gobierno argentino, trastocando la ecuación agresor-agredido.
Ahora resulta que la Argentina es agresor porque habría dejado sin bananas al ciudadano británico que ocupa ilegalmente nuestras islas. Y resulta así que el inglés que depreda nuestros recursos naturales y agrede nuestra soberanía se convierte en agredido porque no tiene bananas.
Lo escribimos así para poner en grotesco y absurdo lo que simplemente lo es.
Además, aclaremos que Argentina no implementó ninguna restricción para los isleños. Habría que pensar seriamente en instalar en las islas un plan “Banana para todos” para poder compartir, al menos en un rubro, la política de inclusión que gobierna en el continente de los argentinos.
Malvinas es la sintonía fina del Bicentenario. O una porción importante de la historia que venimos recuperando en estos últimos años. Llegó para quedarse en nuestra agenda diaria. Ni qué hablar de este 2012 y el próximo cuando se cumplan 180 años de la ocupación colonialista.
Nos ayudará, como faro que es, a descubrir o redescubrir héroes como el Gaucho Rivero y el maestro soldado Julio Cao, héroes solitarios como Miguel Fitzgerald y héroes colectivos como los militantes que, encabezados por Dardo Cabo, llegaron hasta Malvinas a izar la bandera azul y blanca, cantar el Himno Nacional y reafirmar que esa tierra también es Argentina, como lo es Jujuy, Río Gallegos, La Matanza, Ushuaia o Curuzú Cuatiá.
La Argentina no reclama por los que comen bananas. Sólo reclama el territorio que le robaron.
Y le reclama al dueño y al capitán de la corbeta “Clío”, no a sus polizontes. No hay tercero en discordia, además, porque los kelpers son ciudadanos británicos que juran por la reina.
Clarín baja línea a los cipayos y sale a buscar voceros que sostengan esa línea.
Pero están fuera de foco. Atacan las políticas de inclusión de Cristina pensando en los noventa, hacia adentro y en la Europa actual, hacia afuera.
Lo triste no es eso. Lo triste es ver dirigentes que echan su honra a los perros repitiendo lo que dice Clarín.
Más temprano que tarde, Malvinas nos juzgará.

Miradas al Sur, domingo 12 de febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

VOLVIMOS!!

YA NADA SERÁ IGUAL

Volvimos, "Ya nada será igual" el programa que conduce Jorge Giles en la AM 530, comienza su ciclo 2012 el domingo 12 de febrero de 9 a 10hs.

Escuchalo en vivo
todos los domingos a las 9 de mañana en www.madres.org/wms2

viernes, 10 de febrero de 2012

El colonialista y el colonizado




No hace falta ser inglés para ser colonialista ni haber nacido en Londres o prestar servicio en la Isla Ascensión.
Tampoco hace falta haber nacido en un campo esclavista del continente africano para ser colonizado.
Entre nosotros, los argentinos, hubo y hay colonialistas y colonizados. Y si no lo son, se parecen bastante, qué quiere que le diga.
Para ser un buen colonizado hace falta pegarle por la espalda a un diputado que defiende nuestra soberanía.
Y ser un camarada de Cecilia Pando. O de cualquier espécimen de la cría procesista. Por ejemplo.
No hace falta un catalejo para mirar tan lejos y descubrir piratas en el mar.
Están entre nosotros.
Parte de ellos fueron los que esperaban la ocasión propicia para emprender a los golpes contra la unidad nacional que preside Cristina, en representación de los 40 millones de argentinos.
“Duro con ella. Duro con el proyecto nacional y popular. Duro contra los derechos humanos. Duro contra los verdaderos héroes de Malvinas, los que están vivos y los que murieron”
Y allí a la vista, desguarnecido, inocente, desprevenido estaba el diputado Díaz Bancalari.
Salía del Salón de los Patriotas luego de ver a nuestra Presidenta tendiéndole un ramo de olivo al agresor colonialista, pese al destructor y al depredador que, en su nombre, arrasa con nuestros recursos y nuestra soberanía.
Cristina rindió honor y gloria a nuestros muertos y anunció un hospital para el que fue combatiente.
De allí venía Díaz Bancalari.
Una patrulla perdida fue al ataque sin contemplaciones. Una patada en la espalda. Un puñetazo en la cara, otro en la cabeza, otro sobre ese corazón que ya venía averiado.
Estaban los que pegaban y estaban los que filmaban y transmitían en vivo y en directo por la cadena de medios.
Deberán pagar ante la justicia tanta cobardía.
Miserables.
Como ya no pueden romper actos, tratan de romper los ecos de esos actos con una cuchillada trapera para cortar la imagen victoriosa y digna de un país soberano.
No hay nada que temer si estamos atentos, si no bajamos la guardia.
Clarín y La Nación hace mucho que desembarcaron en las alcobas, en los bares y en los consultorios, en la verba de un taxista que repite como loro lo que manda Magneto.
Vienen por nuestra alegría, por nuestra identidad y nuestro orgullo nacional. Buscan desmoralizarnos; gritan que los kelpers están desabastecidos de bananas, pero poco dicen de la militarización y depredación de nuestros recursos.
Son tan colonialistas como los jueces españoles que condenaron a Baltazar Garzón.
Pero aquí nadie se rinde.
Por eso nuestro canciller hoy va a la ONU.
Ni colonialistas ni colonizados: las Malvinas son argentinas.

El Argentino, viernes 10 de febrero de 2012

jueves, 9 de febrero de 2012

Todos los Flacos se van al cielo




Hay muertes que son inevitablemente colectivas; la del Flaco Spinetta es una de ellas.
Como si la puta muerte se empeñara en sacarnos a dentelladas otro pedazo de vida, de una vez y a todos juntos.
El Flaco que se murió se lleva una parte de nuestra adolescencia. De esa adolescencia eterna en la memoria; herrumbrada para algunos, victoriosa para otros, dolorosa para los que sobrevivieron; orgullosa adolescencia, al fin y al cabo.
El Flaco que se murió ayer era uno de los músicos poetas de la generación del setenta, de los que creaban belleza con una sola nota, hablaban en nombre de los pibes pese a ellos mismos e interpretaban sentimientos masivos sin presumir por eso.
Como se verá, estamos tristes. Y seguiremos tristes de aquí hasta el pedazo de cielo o de infierno que nos toque en suerte cuando nos vayamos.
Sólo pedimos, si se nos permite hacerlo, que cuando nos llegue a nosotros, si no nos corresponde el cielo, al menos que nos dejen pasar a saludarlos.
A saludar a Flacos como Spinetta y Kirchner, aclaro por si no se entiende.
Ponerse a escuchar en esta hora o cualquiera, “Muchacha ojos de papel”, convoca a la memoria de la novia ausente, allá a lo lejos y hace tiempo.
Pura poesía. La perfección en un acorde de dios. La armonía fugaz que se le cayó a un ángel que pasó por el barrio. Y el Flaco Spinetta la encontró en el baldío de la esquina.
O quizás era él ese ángel. Y no nos dijo nada.
“Para saber lo que es la soledad” o “Tema de Pototo” era la melodía para el compañero o la compañera que se fue de golpe.
Muchos la cantamos disimulando lágrimas y apretando los dientes en tiempos en que estaba prohibido cantar y prohibido llorar.
“Para saber como es la soledad, habrás de ver que a tu lado no esta,
Que nunca a ti te dejará pensar en dónde estaba el bien, en dónde la maldad.
La soledad es un amigo que no está, es su palabra que ya nunca ha de llegar;
Si es que sus sueños son luces en torno a ti, tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir.
Al observar como muere la flor, veras que al fin también muere la paz,
Y es que esa paz revivirá en su voz, la flor te la dará para cantarla igual.
La soledad es un amigo que no está, es su palabra que no ha de llegar igual;
Si es que sus sueños son luces en torno a ti, tú te das cuenta que él ya nunca ha de morir... nunca ha de morir...”
Y ahora la cantamos por el Flaco que se va.
Lo vamos a recordar pleno de la vida que compartimos juntos o distantes.
Desde los más veteranos hasta los pibes que hoy inauguran su vuelo.
Los miserables que lo fotografiaron contra su voluntad, esos sí que no pasarán siquiera ni por la esquina del cielo.
Perdón por la tristeza. Y hasta siempre, poeta.

El Argentino, jueves 9 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

Malvinas y nosotros, los argentinos



El calor, más que abrazador, era fulminante.
Pero la expectativa por el discurso de la Presidenta era tanta que nadie se acordaba de la temperatura.
Los pibes de La Cámpora no paraban de cantar adentro y afuera de la Casa Rosada:
“¿Qué te pasa pirata? no te olvides del encadenado
Cuando Mansilla y Rosas te la dieron allá en Obligado.
¿Qué te pasa pirata? Acordate del agua hirviendo
Cuando acá en Buenos Aires todo el pueblo te sacó corriendo.
Yo pirata no me olvido de Malvinas, ohhh...
Me acompaña toda América Latina, ohhh…
Yo pirata no me olvido de Malvinas, ahí nuestros pibes dieron su vida,
¡Las Malvinas, son argentinas!”
La causa por la soberanía de las Islas es la única que genera estas vivencias que hoy volvemos a sentir, nosotros, los argentinos.
Es el ADN constitutivo de nuestra identidad como pueblo y como nación.
Es nuestro horizonte patrio. Por eso puede juntar a sectores tan diversos, como ocurrió ayer.
Es la causa nacional por excelencia.
Cuando la Presidenta ingresó al Salón de los Patriotas Latinoamericanos, la ovación y la consigna fueron una sola: “Malvinas, Malvinas, la lucha no termina”.
La presencia de los ex combatientes fue saludada con un calor superior al que marcaba el termómetro.
El decreto leído es una reparación histórica. Exponer públicamente el Informe Rattenbach es curar heridas, reparar injusticias, despertar la memoria de nosotros, los argentinos.
A las 19,26 pudimos a ver a la Presidenta de los 40 millones de argentinos, acompañada por un mural con nuestras Malvinas.
“Memoria, verdad y justicia, más democracia y soberanía son el exacto lugar de esta causa”, señaló Cristina.
“Soberanía popular como requisito de la soberanía nacional”. Desde allí habló la Presidenta.
Desde la historia de la resistencia contra las invasiones ingleses en 1806 y 1807, del despojo colonial en Malvinas en 1833, hasta el heroísmo del Gaucho Rivero, aquel argentino que murió peleando contra la flota anglo-francesa en la Batalla de la Vuelta de Obligado.
Desde la defensa de nuestros recursos naturales y desde la América Latina.
Cristina habló con pasión, pero con la razón de una estadista. Y desde allí expresó que instruyó al Canciller Timerman para que presente formal protesta ante la Asamblea General de las Naciones Unidas por la militarización de Inglaterra en el Archipiélago.
“Las Malvinas no son un trofeo de guerra de los colonialistas”, agregó.
El anuncio del Hospital para los Ex Combatientes precedió a la interpelación a Cameron para que le de una oportunidad a la paz.
Honor y gloria a nuestros caídos, dijo, mientras afuera, los pibes la esperaban para saludarla y cantar con ella: No nos han vencido.

El Argentino, miércoles 8 de febrero de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

El trencito fantasma




Ocurrió el domingo a la noche.
El programa de la TV pública, “6,7,8”, tenía como invitado al vicepresidente Amado Boudou.
Casi en el mismo horario, en otro canal, Mariano Grondona entrevistaba a Vicente Massot, mandamás del diario “La nueva provincia” de Bahía Blanca, ex funcionario de Menem, reconocido defensor de la última dictadura cívico-militar, hombre de la derecha más rancia de nuestro país.
Boudou no dejó nada sin desarrollar.
Massot, en las antípodas, tampoco.
El vicepresidente explicó la posición anticolonialista del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, reivindicó enfáticamente el aumento a los jubilados y la defensa de nuestra soberanía en Malvinas.
Fue una exposición pedagógica; “marcó la cancha” diría la tribuna.
Cada corporación recibió su merecido.
El monopolio Clarín y sus socios de La Nación. Los bancos y financieras. Las petroleras. También “atendió” a esa dirigencia sindical que se olvida, en apariencias, que desde Néstor Kirchner hasta acá, son los trabajadores y los sectores más humildes los mayores beneficiarios del modelo gobernante.
En síntesis, Boudou reafirmó el carácter nacional, popular y democrático del proyecto liderado por la Presidenta.
Es cierto, ni Massot ni Grondona representan el 0,01 % del electorado. Pero es importante escuchar a la derecha de paladar negro para saber por dónde rumbean los heraldos de la exclusión. Y ambos dos, a coro, coincidían en lamentarse por la orfandad opositora.
No hay iniciativas ni ideas ni propuestas ni lideres fuertes, decían.
Salvo, agregaron… ¡Mauricio Macri!
Sin ponerse más colorado, Massot elogió los liderazgos de Macri y de… ¡Miguel Del Sel!
No se ría. Lo dijeron seriamente.
Y ya que estamos, siguieron tirando nombres. Agárrese fuerte: ¡Scioli y Hugo Moyano!
Este fue el “punto G” del análisis político, el éxtasis total. Se frotaban las manos elucubrando la posibilidad de sumar a dos titanes peronistas en un frente anti K.
Hay que juntar todo, decían. Figuras que no provengan de la política exclusivamente, sino de gente conocida, para presentar desde el centro derecha una oferta electoral ganadora.
Esta honestidad brutal deja al desnudo dos cuestiones básicas: 1) que sólo hay dos proyectos de país, el que pintó Boudou y el que borronearon Grondona y Massot y 2) que aquellos que se quieran ir del kirchnerismo tienen todo el derecho a hacerlo, pero quien los espera afuera, en la intemperie total, no es Perón ni Irigoyen ni Lenin ni el Arcángel San Gabriel.
Es el trencito fantasma de Macri, Grondona, Venegas, Barrionuevo, Magnetto y de principal aliado internacional, David Cameron, el discípulo de Margaret Thatcher.
Y no digan después que no sabían.

El Argentino, martes 7 de febrero de 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

El garfio y la gaviota



Sube se llama la tarjeta que redistribuye ingresos entre todos los pasajeros.
Sube sin parar la temperatura de este verano 2012.
Sube la inclusión social, el índice de empleo, la producción industrial.
Sube el precio del trigo y de la soja.
Sube el haber de jubilados y pensionados un 17,62 %.
Sube la escalada británica sobre nuestras islas Malvinas.
En tiempos en que los colonialistas se ponen algo nerviosos y provocadores, es conveniente calentar el corazón, enfriar la cabeza y cantar canciones de amor y paz.
Y reírnos un rato. “La risa no se rinde”, decíamos en las catacumbas de la dictadura.
Pero eso sí, que nadie olvide que las Malvinas son argentinas.
Las últimas noticias suman al destructor con misiles que se acerca a nuestras islas y al príncipe heredero de la reina madre que ya está en Malvinas, un submarino nuclear de largo porte.
Son los únicos argumentos que tuvieron durante 179 años: la fuerza bruta.
Es cierto que están solos esta vez. Aislados como nunca antes. Quebrados en su economía y en su moral política. Pero tampoco la pavada.
Es útil saber que cuando muestran la hilacha, se deschavan como lo que son: piratas y colonialistas.
Si antes venían por el control de la navegación en los mares del mundo y el aceite y la grasa para su combustible, hoy vienen por nuestros recursos naturales; en especial, por la pesca, el petróleo…y por la Antártida.
Mientras que nosotros, los argentinos, aunque mañana nos digan que en Malvinas no hay ni una gota de petróleo, seguiremos diciendo que son nuestras. Simplemente porque, ricas o pobres, son nuestras.
Si a Cameron y a la reina los anima la depredación colonialista, a nosotros nos mueve la pasión y el orgullo como nación soberana.
La BBC divaga en estos días sobre el comportamiento de los argentinos. Y sólo comprueba, a través de las voces de jóvenes ingleses que residen en nuestro país, que somos un pueblo de paz, que amamos a Los Beatles, a Sting y a Los Rolling Stone. Y a Shakespeare, claro está.
No esperen encontrar un sentimiento anti-nada. No esperen una escalada de nada.
Pero eso sí, como el amor es el mismo desde hace dos siglos, seguiremos reclamando lo que es nuestro y entonces diremos: las Malvinas son argentinas.
Por estas latitudes pasará la política de América Latina en los próximos años.
Lo viene diciendo la UNASUR, el MERCOSUR, la CELAC, y ahora lo dijo maravillosamente bien, Fidel Castro.
Cuando el mundo entra en convulsión, los gobernantes se muestran como lo que son: o estadistas o mercaderes.
Y en la Argentina hay una estadista gobernando.
Quizás por eso los piratas, tanto los de afuera como los de cabotaje, hoy lanzan sus garfios contra las gaviotas.

El Argentino, lunes 6 de febrero de 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

Malvinas: El ADN de nuestra soberanía




Venimos hablando en esta columna de los pájaros patagónicos malvinenses que surcan el cielo de nuestro sur en una ida y vuelta incansable, de costa a costa, como si fueran aves del mismo nido.
Hablamos de delfines y ballenas, de los millones de peces que están siendo atrapados en las inmensas redes de los barcos depredadores con patentes de piratas o destrozados por las excavadoras petroleras que navegan por “el fin del mundo” que, en verdad, es el principio azul y blanco de nuestro mar austral.
Venimos hablando de un litigio desigual con el poderoso Reino Unido que invadió las islas en 1833 y que desoye cualquier sentencia del derecho internacional para que devuelvan lo que les pertenece por legalidad y legitimidad a los argentinos.
Ahora llegó el momento de mostrar y demostrar que también por línea sanguínea y por presencia física, esas islas fueron, son y serán argentinas.
Alguien se acercó un día a Rodolfo Walsh y le dijo: “Hay un fusilado que vive”.
De allí nació una de sus obras maestras, “Operación Masacre”, relatando la verdad sobre los fusilamientos de la “revolución libertadora” de Aramburu y Rojas, contra militantes peronistas en los basurales de José León Suárez.
Salvando las distancias, nosotros también nos proponemos bucear en la historia con las huellas que dejaron aquellos primeros argentinos de Malvinas, porque son ellos, no los que fueron intrusados, el verdadero pueblo original de nuestras islas.
Allí nació una niña, hija de María Sáez y el gobernador Vernet, a la que llamaban “Malvina” en honor a la tierra donde vio la luz, de nacionalidad “natural de la República Argentina” según consta en el Certificado de Bautismo.
Y hubo decenas de gauchos que se alzaron al interior de las islas, campo adentro, para no ser prisioneros de los ingleses cuando nos invadieron en 1833.
Otros quedaron trabajando en faenas y quehaceres de peón rural. Entre ellos, un tal Antonio Rivero, un criollo entrerriano que anduvo resistiendo con lo que tenía a mano. Tomó la comandancia de las islas, arrió la bandera de los colonialistas e izó la bandera argentina, como correspondía. Luego de varios meses, los ingleses lo apresaron. Liberado tiempo después, se enroló en las filas del Ejército que comandaba el General Lucio Mansilla, durante el gobierno de don Juan Manuel de Rosas, muriendo heroicamente en la Batalla de la Vuelta de Obligado, guerreando contra la flota anglo-francesa en 1845.
De esa épica venimos los argentinos, de una historia que conforma el ADN inapelable de nuestra soberanía en Malvinas.
Ahora que el gobierno inglés apela al único argumento de los conquistadores, enviando poderosos destructores armados con misiles de largo alcance, al príncipe heredero en ejercicios bélicos, a Cameron ofendiendo a la memoria y el buen gusto en la medieval legislatura británica, para justificar la muletilla de la “autodeterminación de los kelpers”, es hora que expongamos a cielo abierto todas las evidencias que demuestran nuestra legítima soberanía en las islas.
En todos los planos de la vida.
En 1810 la Primera Junta de la Revolución de Mayo ordena con la firma de Cornelio Saavedra y Juan José Paso asistir económicamente a los gastos que demanden las Malvinas, “como si fuesen un navío nuestro en alta mar”.
En 1816, a un mes de la declaración de nuestra Independencia, el General José de San Martín ofrece la libertad a los prisioneros en Patagonia y en Malvinas, a cambio de alistarse en el Ejército de la patria.
En 1820 el gobierno argentino ocupa plenamente el archipiélago y nueve años después, nombra a don Luis Vernet, comandante y gobernador de las Islas.
Antes, en 1824, fue comandante militar de Malvinas, un indio guaraní llamado Pablo Areguatí.
Un día como hoy, 5 de febrero, pero de 1830, nace Malvina Vernet.
Hubo argentinos y argentinas, antes y después de la ocupación colonialista.
La esposa del gobernador cuenta en su diario íntimo: “Es domingo 30 de agosto (1829). Muy buen día de Santa Rosa Lima y por lo que determinó Vernet tomará hoy posesión de la Isla en nombre del gobierno de Buenos Aires, a las doce se reunieron los habitantes se enarboló la Bandera Nacional a cuyo tiempo se tiraron veintiún cañonazos, repitiéndose sin cesar el ¡Viva la Patria! Puse a cada uno en el sombrero con cinta de dos colores que distinguen nuestra Bandera, se dio a reconocer el Comandante”
Por si no alcanza el testimonio propio, diremos que hubo un inglés prestigioso que llegó a las islas en 1833.
En marzo de ese año, Charles Darwin, autor de “El origen de las especies”, escribió desde Malvinas: “Hacia miles de años que estas islas estaban deshabitadas, hasta que el gobierno de Buenos Aires tomó posesión de ellas y envió colonos. El mes pasado el HMS Clío llegó para anexarlas en nombre de los británicos…los pobladores huyeron hacia el interior, asustados por la violencia…”
Fue allí donde Darwin apreció “la destreza de aquellos gauchos”, los resistentes que aun quedaban en pie y comió con ellos “un verdadero manjar: el asado con cuero”.
¿De dónde vienen sino esas voces castellanas que se escuchan aun hoy en las Malvinas?
Alexander Betts, un argentino que nació y vivió en las islas, relata en su libro “La verdad sobre las Malvinas. Mi tierra natal”:
“Todo el mundo en las islas sabe de lo que se está hablando cuando se dice alazán, zaino, malacara, manchau, rosillo o moro picaso…bozal, cabestro, soga-cincha, maneas, tientos y pretal…es el legado de los gauchos que anduvieron por allí. Hay nombres castellanos como Rincón Grande, Bombilla, Cantera, Horqueta, Dos Lomas, estancia, cerritos…y hay una marca más de la influencia gaucha: el vocablo ché”.
El imperio colonial del Reino Unido expulsó a los argentinos en 1833.
Pero quedaron aquellas palabras como si fueran combustible de un faro que sigue echando luz para que nadie se pierda.
Además, con un gobierno que rescató la verdadera historia, como fue el de Néstor Kirchner y el de Cristina ahora, no habrá colonialismo que tuerza el destino de un pueblo libre, como es el pueblo argentino.

Miradas al Sur, domingo 5 de febrero de 2012